Zarpazos en la madrugada

Zarpazos en la madrugada

El 25 de septiembre del 1963 póngidos, simios y pro-simios, bien de madrugada asaltaron el Capitolio y a la República de cuerpo entero, la metieron en la selva y la hicieron caer en un abismo, donde una inscripción maligna anunciaba: “Cincuenta años de Retroceso”. Al otro día, recibí la visita de un emisario de dos altos dirigentes del PRD, que de mí querían un servicio. El emisario era Napoleón Núñez Paulino, quien me dijo: “Vengo donde ti, en una doble misión. Peña Gómez que responderá al apelativo de “El Príncipe”. Y Molina Ureña que responderá por “Pepe”, te envían sus respectivos teléfonos, para que tú contacte al “coronel Fulano de Tal. Y lo ponga en comunicación con ellos”. Mi respuesta fue, dile a Pepe y al Príncipe, que ese coronel no puede ser porque “él” está “amistado” con los golpistas”.

Y le agregué, dímele a los dos amigos “que el que bien puede ser, es el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, que está que echa chispas y montado en el potro de la ira, por culpa de los golpistas”.

Apenas transcurrió algo así como una hora, cuando nuevamente recibí en mi residencia de la Francisco Henríquez y Carvajal 284 altos, la responsable y riesgosa aparición de Napoleón Núñez Paulino, quien escuetamente, me comunicó: “Dicen Pepe y El Príncipe, que proceda frente al coronel Rafael Fernández. Y que les explique bien el asunto de los teléfonos”.

No perdí tiempo y de manera bien diligente, procedí a comunicarme con el joven, valiente y correcto militar. Procedí a llamarlo en la hora precisa que se encontraba en su cada de familia. Tengo que decir que desde que él era un niño lo trataba con confianza y cariño. Por eso le manifesté, que me urgía verlo. Me prometió que sin falta  a las cuatro de esa tarde estaríamos juntos. Y así fue, a carta cabal, sucedió lo prometido. Le expliqué lo que había de por medio y le di los números telefónicos de Pepe y de El Príncipe. Me manifestó que me agradecía el señalamiento que yo había hecho de su persona. Me aseguró que estaba de acuerdo y que a los dos los iba a llamar.

Al otro día a nombre de Rafael se me presentó don Angel Rodríguez, hombre de la más completa confianza del coronel Fernández. Don Angel me comunicó que Rafael quería, que para esa tarde yo le prestara mi apartamento para celebrar una reunión. Mi respuesta fue de completo asentamiento. Y volvió el señor Rodríguez, para una aclaración, que fue la siguiente: “Dice Rafael, que usted puede estar en la reunión”, resolví no salir a ninguna parte y me senté a esperar.

Y el primero en hacer acto de presencia fue el coronel Rafael. Luego llegaron: Héctor Lachapelle Díaz, Marino Almánzar, Fernando Cabral Ortega y otros que constituyeron el dinámico núcleo del glorioso “Movimiento Constitucionalista”, que el 24 de abril de 1965, le dio la contestación a la mañosa acción anti-pueblo, del infame y grosero 25 de septiembre del 1963.

Creo que se impone que diga que a los oficiales que se reunieron con Rafael en mi casa, los pusieron en retiro y a él lo mandaron para España primero y después para Chile.