¿Y si no hay consenso?

¿Y si no hay consenso?

JOSÉ R. MARTÍNEZ BURGOS
El país está irritado, vive momentos de frustración y de un relajo electoral donde se vende y se ofrecen cargos que aún no se han logrado en una contienda de tira y espera, que hasta la Junta que debe controlar el proceso electoral ignora si tendrá la disponibilidad económica y financiera para cubrir sus gastos.

Y, además, las cámaras legislativas han expresado su rebeldía con el asunto del presupuesto para el año 2006.

Hasta la justicia se burla del gobierno y desprecia a toda la sociedad, con aquello de su “sentencia que espanta”. Luego, ¿podrá obtenerse consenso en las cámaras legislativas en un ambiente de tanto y fandango.? Dudamos de un final feliz, porque nuestras instituciones comprometidas con el pueblo no se acaban de transformar, pero se están suicidando y aún cuando existe voluntad política para variar, se necesita acierto e imaginación los legisladores hasta ahora se han venido comportando como aquellas grandes familias de la mafia, pues no sólo se han limitado a representar a los ciudadanos en las Cámaras, sino que han penetrado en ciertos negocios, tanto con empresas como en otros ámbitos de la sociedad. Tienen y dominan algunos negocios. Mientras tanto, la sociedad civil no acaba de abandonar su docilidad, parece que no está consciente que a los políticos se les puede y se deben despedir. Nuestra sociedad es culpable de que los políticos se comporten así. El ciudadano debe pedir permanentemente cuentas a sus representantes pues así dignificaría la dedicación política, porque el desprecio de la política puede, en algún momento, por desgracia, ponernos en manos de algún salvador de la patria. No se puede vivir continuamente en el encanto y en el desencanto. Acabamos de una vez con los agravios y civilicemos las relaciones políticas.

En estos tiempos más difíciles, conseguir un consenso es importante, las partes desconfían de los cuerdos y piensan más en los desacuerdos, pues todo parece evidente, que el objetivo es destruir al Presidente del país, por tanto no existe el clima apropiado, ya que el insulto desde las gradas de la oposición y desde las del gobierno, se ignora cual es más denigrarte. Es una infamia, para conseguir un consenso entre los partidos, PRD, PRSC y PLD, porque no resolvería tampoco el problema planteado, cuando las artillerías electorales acaban de iniciar la batalla. ¿Y si no hay consenso?, ¿qué pasará?. Aún la derrota manchará a las tres fuerzas políticas y podría, tal vez, no haber elecciones. Mucho cuidado con el uso de la terquedad de los contendientes. Es necesario “recuperar la importancia y la nobleza de la política” de lo contrario la violencia hará su aparición como en el año 1965.

El presupuesto es vital, pero no debe sacrificarse la paz de la sociedad, y hay muchas vías para conseguir su aprobación.

La gestión no es desafiar la autoridad, no es saber quién o quiénes mandan aquí, sino el dueño de la palabra, el que hace que una palabra signifique en todo momento lo que él quiere que signifique, pero no como un dictador que nadie se atreve llevarle la contraria. No juguemos con las palabras y sus significados, como si fuéramos pícaros tahúres pues corremos el riesgo de un día acostarnos tranquilos y despertar convertidos en escarabajos, porque el fantasma de Trujillo, esta vigente. No lo olviden, ni Bosch ni Balaguer pudieron espantarlo y la huella de su régimen aún perdura y los defectos y las carencias de la democracia son parecidas.