Washington reflexiona sobre una Europa unida

Washington reflexiona sobre una Europa unida

WASHINGTON.- La ampliación de la Unión Europea este fin de semana de 15 a 25 miembros, que marcó el final formal de la división de posguerra de Europa, presenta a Estados Unidos una opción. ¿Debiera aceptar a esta nueva unión que se extiende desde la frontera rusa o tratar de fomentar las muchas fisuras de Europa con el fin de dividir y vencer?

Por el momento, hay escasos comentarios oficiales, pero quizá Europa no debería tomar esto personalmente. Estados Unidos ha cambiado de paradigmas: Europa es noticia vieja. Sin embargo, el descuido menos benigno que rodea a la adición de 10 miembros de la Unión Europea, ocho de ellos anteriormente parte del bloque soviético, refleja un momento de gran dificultad.

«La situación nunca ha sido tan mala en 50 años», dijo en una entrevista Gunter Burghardt, embajador de la Unión en Washington. «Es un hecho que Estados Unidos es una potencia hegemónica, pero la cuestión es cómo es usado ese poder. Necesitamos saber que Estados Unidos está abierto a una relación de confianza, no sólo con ciertos estados miembros sino con la UE como tal».

Esta evaluación refleja las perdurables heridas de la guerra de Irak y el sentimiento entre muchos funcionarios europeos de que un gobierno estadounidense ha decidido que sus intereses podría beneficiarse más con la división dentro de Europa que con la unidad, más al forjar coaliciones improvisadas de la voluntad que al honrar una asociación.

«Este es un gobierno al que simplemente no le importa Europa», dijo Philip H. Gordon, experto en asuntos europeos del Instituto Brookings. «No pienso que hagan algo únicamente para dividir a Europa, pero si esa es una consecuencia de una acción, bueno, porque no quieren que surja un contrapeso al poderío estadounidense».

En muchos aspectos, la nueva Unión Europea es una probable potencia importante. Su población altamente educada de 455 millones de personas es mucho más grande que la de Estados Unidos y representa 28 por ciento del comercio mundial.

Pero también está dividida entre estados anteriormente comunistas en Europa Central que se sienten entusiasmados por el Atlanticismo, y otros países, encabezados por Francia, donde es intenso el disgusto por el Estados Unidos del Presidente George W. Bush. Esta es la división ideológica básica que Estados Unidos pudiera elegir acelerar o acallar.

Estados Unidos podría, por ejemplo, tratar de utilizar las simpatías de Polonia, Eslovaquia o Hungría para socavar la unidad europea y seguir sus propios objetivos, lo cual podría incluir el establecimiento de bases militares en al menos uno de estos países, intentos tranquilos de asegurarse de que la identidad militar de Europa siga silenciada o la obstrucción de medidas que lleven a un más federal Estados Unidos de Europa.

Pero Irak ha sido una experiencia que ha traido sobriedad, y funcionarios estadounidenses parecen, por ahora, haber desechado hablar de una «vieja» y «nueva» Europa en favor de un pragmatismo redescubierto.

«Cualesquiera que sean las diferencias en el último año, sabemos que una Europa que esté abierta, en paz, ampliamente unida y extendiéndose hacia Turquía es de beneficio para Estados Unidos», dijo un funcionario del Departamento de Estado.

La mención de Turquía es importante. Enfrentados con la ampliación de la Unión, muchos estadounidenses responden preguntándose por qué Turquía no está incluida.

La pregunta, por supuesto, refleja el cambio de Estados Unidos de una atención centrada en una Europa unida a la búsqueda abrumadora de cambiar a Oriente Medio. Admitir a Turquía, un país musulmán, en una institución de Occidente como la Unión Europea, en opinión estadounidense, proporcionaría un ejemplo importante de la construcción de puentes hacia el mundo islámico. Por lo tanto es vital, arguyen funcionarios estadounidenses, que la Unión decida a fines de este año empezar negociaciones sobre su ingreso.

Pero la impaciencia sobre incluir a Turquía en Europa también traiciona una perdurable incomprensión estadounidense de la naturaleza de la Unión Europea. Los inmensos costo y complejidad de ofrecer el ingreso a un país tan grande y pobre como Turquía no son ampliamente apreciados aquí.

El grado de integración dentro de la Unión, y la renuncia a la soberanía involucrada, son ideas borrosas en Estados Unidos, quizá porque la idea de esa fusión transnacional es anatema para un país en o cerca del apogeo de su poder. Si Estados Unidos, México y Canadá estuvieran tan integrados como los estados de Europa, sería posible tener a un mexicano en Ottawa estableciendo las tasas de interés estadounidenses. Pero eso, por supuesto, es impensable.

Esta indivisibilidad europea, pese a todas las dificultades del continente, hace inevitable que miembros nuevos como Polonia tiendan a buscar posiciones europeas compartidas, cualesquiera que sean sus fuertes simpatías por Estados Unidos.

Al mismo tiempo, estas diferencias institucionales complican la comprensión transatlántica porque un Estados Unidos soberano dirigido por un gobierno para el cual el poder es la moneda del reino enfrenta a estados europeos que han puesto su fe en instituciones internacionales como la Unión Europea o Naciones Unidas o un tribunal criminal internacional.

Pero mucho está en juego al tratar de superar la crisis actual de confianza. Entre ellos, la Unión Eurpea y Estados Unidos representan 40 por ciento del comercio mundial. Son el socio comercial más grande uno del otro. Las transacciones de negocios entre ellos alcanzan cerca de 3,000 millones de dólares diarios.

Esta red de intereses económicos es tan rica que tiende a obligar a una búsqueda para resolver las diferencias y armonizar las regulaciones. El problema es que, en el área estratégica, el propósito común que impulsó por mucho tiempo el amplio apoyo de Estados Unidos a la unidad europea -que diera estabilidad a un continente con una debilitante inclinación para la guerra- se ha perdido.

No es complacencia sino cierto desaliento lo que acompaña a la llegada de la Europa «total y libre» buscada por George Bush padre y reiterada como objetivo por el actual Presidente Bush, quien dijo en Varsovia en junio de 2001 que «nuestro objetivo es borrar las líneas falsas que han dividido a Europa por demasiado tiempo».

Europa ha trabajado duro para eliminar esas divisiones. Pero Burghardt cree que el reconocimiento de esto es escaso en Estados Unidos cuya atención se ha trasladado a otra parte. «La UE nacida el 9 de noviembre, que es la caída del Muro de Berlín», dijo. «Pero fuimos sacudidos por el terremoto geopolítico del 11 de septiembre».

En su discurso en Varsovia tres meses antes del 11 de septiembre, Bush también dijo algo más: «Cuando Europa y Estados Unidos están divididos, la historia tiende a ser tragedia».