Visión profana de una crisis

<P>Visión profana de una crisis</P>

Dicen los que saben que la riqueza se produce mediante un proceso en el cual la humanidad con su trabajo le añade valor a la materia prima. Me complace pensar que sucede así porque está de por medio la vida, que permanentemente nos da muestras de producir sistemas cada vez más organizados y eficientes; y de crear orden donde antes había caos.

La humanidad no ha sido capaz de asumir esa verdad ni de dar una respuesta económica, social y política acorde con ella; aún la andamos buscando.

Una vez producida la riqueza, ese valor añadido termina en los bancos. El sector financiero encauza el flujo de riqueza que ha sido previamente producida y su actuación responde a los intereses de quienes en derecho tienen la propiedad de esa riqueza producida.

Por su parte, la bolsa de valores ha terminado siendo el casino del sector financiero. Apoyados en ese brazo aguerrido y libérrimo, los dueños de la riqueza producida intentarán crear más riqueza, no mediante un proceso de transformación de la materia prima por el trabajo, sino por medio de la especulación. En su intento batirán la riqueza con mucha energía, y subirá la espuma, y podrá parecer que sí, que la riqueza se ha reproducido; pero no: La espuma nunca ha sido chocolate.

Lo que sucede con la crisis actual, a mi humilde entender, es que en ese casino financiero, los dueños mismos apostaron mal. Si alguien apuesta mal en Las Vegas pierde su dinero y La Casa gana. En esta historia, La Casa estaba jugando en el casino y fue quien apostó mal.

El Estado norteamericano ha aprobado setecientos mil millones de dólares para el salvataje del sector financiero. Aún no está claro de dónde provendrán los fondos, pero lo que sí podemos asegurar es que el plan de salvataje lo que hará en la práctica será socializar, en mayor o menor grado, las pérdidas del sector financiero.

Si los fondos fueran totalmente provenientes de emisiones inorgánicas, setecientos mil millones de dólares divididos entre la población mundial tocarían a ciento dieciséis dólares por persona, una familia pobre dominicana de cinco miembros estaría poniendo, para pagarle a esos bancos, cuatrocientos ochenta dólares; que es más de dos veces la canasta familiar mensual.

Los dueños de la riqueza, defensores a ultranza de la privatización y la no intervención del Estado, ahora piden que el Estado les ayude a socializar las pérdidas.

La pregunta sería: ¿Con qué argumento se le explicará a la familia pobre del ejemplo que no debe esperar ni aspirar a la socialización del beneficio?