Día Internacional de la Mujer: VIOLENCIA MACHISTA AZOTA LA SALUD MENTAL DE LAS MUJERES

Día Internacional de la Mujer: VIOLENCIA MACHISTA AZOTA LA  SALUD MENTAL DE LAS  MUJERES

La violencia machista supone uno de los principales factores de riesgo para tener problemas de salud mental en las mujeres que la sufren. Esta realidad, que continúa ‘invisibilizada’ e ignorada a nivel de salud pública es, sin embargo, la causa del 25 % de los intentos de suicidio de sus víctimas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Ese es un contexto del que no escapa la República Dominicana. Según revela una investigación realizada por Soraya Lara de Mármol, presidenta del Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM), las mujeres que están expuestas a la violencia en la relación de pareja o expareja, como maltrato físico, psicológico, sexual, económico-patrimonial o abuso religioso, tienen mayor probabilidad de desarrollar síntomas de depresión, ansiedad, estrés postraumático, ideación suicida, quejas somáticas, baja autoestima y falta de apoyo social.

El objetivo general del estudio presentado como tesis doctoral en la Universidad de Almería, España -explica Lara- fue evaluar el daño psicológico en las mujeres expuestas a la violencia ejercida por sus parejas o exparejas en comparación con las que no sufrieron violencia.

La muestra consistió en 340 mujeres, 170 víctimas de violencia por sus parejas o exparejas y 170 que no lo han sido. “Hay que destacar que el 23.7 % de las víctimas era soltera o divorciada y el 21.9 % estaba separada, lo que indica que a pesar de no estar en convivencia con el agresor se mantenía el daño psicológico”, evidenció la investigación.

Otra cuestión relacionada con el sufrimiento de la violencia machista que quedó desvelada en la tesis doctoral de Lara de Mármol, es que tener estudios medios y superiores, así como ser autosuficiente económicamente no se constituyen en factores protectores; de las víctimas que buscaron ayuda, la mayoría, el 82.4 % había cursado estudios superiores y; el 15.3 % tenía estudios medios.

El 78.2 % de las participantes en la investigación no dependía económicamente de los hombres, “en contraste con otros hallazgos que indican que las mujeres con menor estatus socioeconómico reflejan mayor victimización”, dice la presidenta del PACAM.

La especialista en temas de género agrega que los resultados de esta investigación reconfirman los diferentes estudios que indican que sufrir violencia por parte de la pareja afecta a las mujeres de todas las clases sociales, nivel educativo, estatus civil y sin distinción del credo religioso que profesen.

Trayectoria de violencia. De acuerdo con el documento, el 60 % de las mujeres con problemas de salud mental ha sufrido violencia (directamente o como espectadora) en su familia de origen. Este dato es congruente con estudios realizados por la Organización Panamericana de la Salud en 2014. “Estos resultados pueden indicar que estar expuestas a la violencia en la infancia es un factor de riesgo para ser víctimas cuando son adultas”, subraya.

Ayuda oportuna. Lara de Mármol explica que algunos daños pueden revertirse a través de un programa de intervención psicológica especializada. “Sin embargo, hay traumas no reversibles, a pesar del tratamiento recibido, dado que el daño se ha estabilizado. Hay daño irreversible en el funcionamiento psicológico habitual”.

Protocolos. La especialista, quien cuenta con amplia experiencia tratando a víctimas de violencia desde el PACAM, ve como muy necesario que las mujeres que han sido maltratadas dentro de la relación de pareja reciban atención psicológica para evitar que su salud mental se deteriore.

Asegura que cada institución establece su protocolo de actuación, pero existen normativas específicas que deben ser consideradas para evitar la revictimización, así como herramientas para detectar e identificar los tipos de violencia. El modelo de intervención podría variar de acuerdo con los diferentes ámbitos en los que las víctimas buscan ayuda y protección.

Sobre el protocolo a seguir, sostiene que debe incluir lo siguiente: tomar en cuenta los comportamientos característicos de las víctimas, detectar la violencia activa y pasiva, visibilizar los tipos de controles a los que están expuestas, identificar los factores de riesgo y protectores, así como los de peligrosidad de su agresor y evidenciar los indicadores de letalidad, es decir, riesgo de un feminicidio.

“Se debe evaluar la severidad del daño mediante pruebas psicológicas reconocidas en el ámbito científico, y desarrollar un programa dirigido a la recuperación emocional, restablecer la confianza, seguridad y reinserción social de la víctima”, recomienda.

Explica que, para llevar una vida socialmente funcional, es necesario que la víctima haya superado los síntomas presentados, que ya no sienta miedo a su agresor y éste no represente una amenaza para ella. Eso le permitirá reinsertarse socialmente y retomar el control de su vida.