¿Viene un gran terremoto?

¿Viene un gran terremoto?

Debemos los dominicanos prepararnos para afrontar un gran y devastador terremoto de impredecibles y funestas consecuencias en la República Dominicana?

¿Ocurrirá un terrible temblor de tierra  más pronto de lo que se espera?

Las respuestas a estas inquietantes preguntas las tiene Don Luis Carpio-Montás, presidente de la Sociedad Dominicana de Geotécnia, Fundaciones y Materiales- (SODGYM),  adscrita a la Sociedad Internacional de Mecánica de Suelos e Ingeniería Geotécnica (ISSMGE).

Si nos preparamos y tomamos las medidas previsorias con suficiente tiempo, se salvarían vidas humanas y se reducirían las pérdidas materiales ante el impacto de un terremoto.

Carpio-Montás entiende que, sin pecar de alarmista, pero consciente de que hay que alertar a la población sobre el peligro inminente y riesgos que hay que afrontar ante la ocurrencia de un temblor de tierra, la población debe estar debidamente informada sobre esta problemática, y que  es responsabilidad de las autoridades trazar las orientaciones.

Don Luis muestra en un mapa Google de la zona del Caribe una secuencia de puntos amarrillos y anaranjados sobre las islas  de Puerto Rico y La Hispaniola y, en particular la parte dominicana, donde en las últimas semanas  han sido registrados temblores   de relativamente  baja intensidad, de 3.4 en la escala Ritcher, con epicentro en Higüey, Puerto Plata y La Romana.

“No sabríamos decir si son disipaciones de energía acumulada o si son precursores de un gran evento tectónico inminente; en el primer caso serían “bendiciones de la naturaleza”, pero en el segundo significaría un desastre de magnitud impredecible, muy grande, debido a nuestra falta de cultura sísmica.

Según el ingeniero Carpio-Montás, “podemos predecir la cantidad de ciclones o tener, al menos, una idea de número y fuerza por condiciones atmosféricas estadísticamente predecibles, ya que sabemos  cuándo viene una tormenta desde el momento en que se forma, con mucho tiempo de antelación. Podemos tomar las previsiones necesarias, entre las cuales las más simples son abandonar la zona o reforzar las ventanas”.

Dilema

Pero, el dilema de los terremotos es distinto. Don Luis sigue paso a paso la intensa actividad sísmica en la zona del Caribe.

Utiliza la moderna visión de Google, vigila periódicamente, varias veces al día, vía internet, los acontecimientos dentro del denominado  “Apéndice del Caribe” del Cinturón de Fuego del Pacífico, siendo esta última  la banda que se extiende a todo lo largo de las costas occidentales del Continente Americano.

En ella se ubican las dos más grandes concentraciones de la actual actividad sísmica: Alaska y California, con su apéndice caribeño, la Isla Hipaniola y la de Puerto Rico, en tercer lugar.

El caso de nuestra isla es único, apunta, ya que está siendo comprimida-elevada entre la placa tectónica de Norteamérica y la de Suramérica, limitada por la de Cocos de Centroamérica, y en genral levantada por la primera, que se introduce debajo de la segunda.

Las placas tectónicas son las piezas de rompecabezas o mosaico en que está rota la corteza terrestre en su flotación sobre el terráqueo núcleo semisólido de su centro. “Éstas son las tres zonas donde está supuesto a ocurrir el mayor número de terremotos, todo debido al movimiento tectónico”, precisó Carpio-Montás.

La región del Caribe está bordeada por la Gran Falla de la trinchera de Puerto Rico en el Norte, con su famosa Fosa de Milwuakee y la Depresión (Trough) o Trinchera de los Muertos en el Sur. “Pero, además, hay una serie de fallas internas dentro de la isla que también están en movimiento. Los dos ramales más peligrosos son uno que entra por Monte Cristi y sale por la Bahía de Samaná, y otra que entra por Haití y desaparece por San José de Ocoa.

La realidad es que  “no sabemos con certeza ni el día, la fuerza ni en qué momento ni dónde ocurrirá un terremoto. No lo podemos certificar”. Algunas señales prácticas, de difundida información según don Luis, pueden tomarse en cuenta, como algunas  aves enjauladas (particularmente los canarios) que se dice se golpean contra las paredes de las jaulas hasta morir, el extraño comportamiento de caballos, o las cucarachas, que se alocan.

Le preocupa la alta densidad de la actividad en la zona del Caribe, es decir, Puerto Rico y la Isla Hispaniola. “Ha ocurrido una gran cantidad de sismos en las últimas semanas”. Don Luis  muestra en el mapa los puntos amarillos y anaranjados, que se asemejan a los colores de un arbolito de navidad.

“Estamos expuestos a continuar sufriendo los sismos que se están produciendo, y también en cualquier momento podemos tener un sismo de gran magnitud y muy dañino. Las consecuencias, no serán nunca excesivo repetirlo,  dependerán de las previsiones que tomemos antes de que ocurra”.

Si las autoridades no adoptan medidas preventivas “vamos a lamentarlo, y vamos a llorar lágrimas de sangre”.  Entre otras desgracias, un terremoto de gran magnitud afecta los servicios de energía eléctrica, agua potable, derrumba, agrieta y destruye viviendas, edificaciones, puentes, acueductos, carreteras y otras estructuras, especialmente si han sido mal diseñadas o mal construidas.

Explica que es significativa “la sentencia” que en algun momento externó la Oficina de Prevención de Desastres de  la ONU: “Un terremoto es el más rígido de los laboratorios. Sacará a la luz todas las deficiencias, lo que puede ser fatal para los moradores de esos edificios”.

Fallas principales

Una de las fallas de la zona del Caribe es la  de La Hispaniola, dentro del mar, que es el borde de placa antiguo donde está ubicada la Trinchera de Puerto Rico (Fosa de Milwuakee) y la Falla  Septentrional,   borde de placa activo en el norte, que penetra a la isla por la Bahía de Manzanillo y continúa en la parte sur de la Cordillera Septentrional, saliendo por la Bahía de Samaná, con una longitud superior a los 300 kilómetros. Esta falla es similar a la de San Francisco, en California,  Estados Unidos.

El otro sistema está situado al Sur de la isla, el cual penetra por el sur de Haití, continuando por San Juan y San José de Ocoa, llegando al mar Caribe hasta la Fosa de los Muertos, al Sur de Santo Domingo, San Pedro de Macorís y La Romana. (fuente: Sodosisma).

El protagonista

Luis G. Carpio-Montás, 69 años, Ing. Civil, egresado de la UASD en 1963, y Master of Science in Civil Engineering, del Instituto Tecnológico de Georgia-GEORGIA TECH, 1965.

Asistente Enseñanza Georgia Tech, 1065 y  Profesor Mecánica de Suelos y Fundaciones, UASD 1971-1977.

En los años 1959-1964 laboró en  Obras Públicas y Comunicaciones; Carreteras, Suelos y  Materiales

1965-1967: Frederick R. Harris, N.Y. USA; Diseñador Geotécnico. Desde 1968 preside Carpio & Asociados, S.A.; Ingenieros Consultores.

Es miembro de la Asociación Americana de Ingenieros Civiles, del Instituto Americano del Concreto, de la Sociedad Americana de Ensayos de Materiales y de la Sociedad Internacional de Rocas, entre otras.

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