Vida saludable

Vida saludable

Con frecuencia solemos escuchar a gente lamentarse diciendo: Solamente valoramos la importancia de la salud cuando nos enfermamos. El hombre primitivo creía que los males corporales eran causados por seres sobrenaturales que castigaban a las personas por alguna falta o pecado cometido. Milenios después la ciencia nos demuestra que cada ser humano contiene y desarrolla un programa heredado de sus progenitores. Sin embargo, esa expresión fenotípica va a depender de la disponibilidad y calidad de los alimentos.

Imaginemos que al nacer se nos provee de un plano arquitectónico corporal. Todo va a depender del terreno en que nos haya tocado construir nuestra mansión, así como de la oportuna disponibilidad de materiales adecuados en calidad y en cantidad para el edificio, en este caso, el cuerpo humano. Para habitar en esa casa necesitamos agua, luz, comida, ventilación, drenaje, protección, seguridad, abrigo y movimiento, entre otras cosas.

Cualquier interrupción o trastorno en los servicios, así como en la sanidad de los ingredientes consumidos puede expresarse en forma de daño y/ o mal funcionamiento orgánico. La educación contribuye a vivir en armonía social, produciendo, compartiendo e intercambiando bienes y servicios. Sigue siendo una verdad de perogrullo aquello de que uno nace y el medio lo hace.

Durante la infancia y adolescencia se adquiere la mayoría de los hábitos y de las costumbres que nos ayudarán a arribar a la adultez y cerrar el ciclo con la vejez, si es que tenemos la dicha de alcanzar esta última. En la senectud se disfrutan los bonos que ganamos a través de las buenas acciones, pero también se purgan las faltas cometidas y se pagan bien caro las injurias causadas al organismo en las etapas anteriores.

Los hábitos de una vida sana son aprendidos desde el vientre materno hasta completar las dos primeras décadas. Una alimentación balanceada, unida a ejercicios físicos y mentales cotidianos contribuyen a un óptimo mantenimiento. Los programas de inmunización infantil, los chequeos médicos y dentales periódicos, así como la atención temprana a las señales de enfermedad deben convertirse en una permanente obligación del individuo.

Jamás olvidemos que una dosis de prevención suele ser más beneficiosa que mil dosis de tratamiento curativo. La atención primaria en salud enfatiza en un primer plano la promoción de costumbres saludables, la disponibilidad de abundante agua potable y una alimentación balanceada. En segundo lugar tenemos las acciones preventivas como son los programas de vacunación En un tercer plano estaría la detección y manejo temprano de las enfermedades. Se incluiría el seguimiento estricto y control de los males crónicos. Se añadirían los servicios de rehabilitación y de atención especial a envejecientes y personas con afecciones que limitan su regular funcionamiento.

La salud es un compromiso de todos. El Estado es el garante principal de la misma a través de las políticas sanitarias acordes con las características nacionales, regionales y mundiales. Un planeta saludable es responsabilidad de todos los gobiernos, amén de ser requisito indispensable para una vida larga y sana de cada individuo.