Víctimas de la Alianza

Víctimas de la Alianza

MANUEL A. FERMÍN
Quienes se han vendido en el pasado como protector del sector agropecuario por tener, como se solazaba en decir el doctor Peña Gómez, el «mejor equipo de técnicos agropecuarios», y para lo que hemos palpado en estos recientes años, la evidencia es, que todo era una verdadera cháchara política.

Como si las crisis de los últimos cuatro años no fueron suficientes para herir de muerte al productor, después de una zarandeada reforma fiscal la actividad supremacista del Congreso dominado por el desatino desafiante, ha determinado imponerle RD$3.14 al precio de por sí altísimo del combustible de la producción agropecuaria y el 16% del ITBIS a los fertilizantes, cuando apenas este sector viene reponiéndose gracias a las políticas económicas que llevan a cabo las autoridades que han permitido crecer en un 5.2% del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación.

No quedan dudas que la odiosa y desacertada medida haría más difícil el rescate de muchos productores que fueron a la quiebra trabajando y que se verán con dificultad para elevar su capacidad competencial con otros productores de la región. Y es que un impuesto fijo disminuirá la oferta crediticia para otras actividades de la producción, provocará endeudamiento con alto lucro que generará más elevados costos de producción que son nuestra espada de Damocles en estos momentos de apertura del mercado nacional.

Por pura demagogia, los animadores de esta perniciosa alianza eliminaron el ITBIS en algunos insumos y alimentos y pudiendo gravar el vicio y el alto consumo al lujo, prefirieron hacerlo con el gasoil que es la «sangre» del trabajador del surco y del que transporta su fruto. Han creado honda desconfianza, pues los obstáculos de la codicia política se anteponen a la razón y al comedimiento.

La tupida y crecida maleza politiquera se esconde en este enlace cupular que llena los espacios del país sin miramientos para dañar a sectores productivos.

Ha quedado claro, que en horas de defender al medio productivo se prefiere obsequiar la intriga y vesanía con el único y malsano interés de propiciar el fracaso del gobierno que adversan tratando de reivindicar una gestión mostrenca, actuando de forma vengativa y en labor de zapa y minado del patrimonio nacional.

Como un hecho penoso hay que señalar, también, «vagonismo» reformista que se sumó a esta infortunada jugada politiquera, contradiciendo la hoy nostálgica resistencia del difunto líder reformista a castigar sectores rurales. Ahora su partido se coloca en la ominosa y lúgubre tarea de desandar por el camino malo como lo describiera él en aquella histórica ocasión conocida por todos. Y es que el doctor Balaguer entendía las fragilidades del campo para no propiciar medidas que arruinaran a pequeños, medianos y grandes productores, como le pasó a los porcicultores, que vieron diezmar en más de 35 mil cerdas madres en la atormentada anarquía del gobierno de los hoy «aliados» de la espiritada organización legada por él.

Ahora lo que se avecina, sin pecar de apocalíptico, es una restringida oferta alimentaria para cubrir la alta demanda de una población, que por el crecimiento económico que expande las necesidades de la gente, obliga a producir más y mejores bienes de consumo; pero, además, las ataduras que le imponen al gobierno con mal velado patrocinio de la terquedad y la aventura politiquera quienes desean regresar el país al montón de ruinas y escombros del ayer inmediato, mellan las posibilidades de mayores recursos a las instituciones que deben atender los requerimientos de los más expuestos a la proletarización del medio rural.