Utopías y arte público en Santo Domingo

Utopías y arte público en Santo Domingo

POR AMABLE LÓPEZ MELÉNDEZ
Con el tema “Artes visuales, Arte Público y Urbanismo en la República Dominicana”   fue celebrado un interesante coloquio la noche del pasado viernes 21 de septiembre en el Auditorio del Museo de Arte Moderno dentro del programa de eventos teóricos de la 24 Bienal Nacional de Artes Visuales.

En dicho coloquio intervinieron el artista Gabino Rosario, el reconocido artista y Arq. Cristian Martínez y quien suscribe, en calidad de Presidente de la sección nacional de la Asociación Internacional de Críticos de Arte-AICA-.

Algunas de las “Nuevas Iniciativas de Arte Público”  en la República Dominicana fueron presentadas y analizadas en el mismo escenario la noche del pasado viernes 5 de octubre por la consagrada artista María Aybar, encargada de la Dirección Nacional de Artes Visuales de la Secretaría de Estado de Cultura; la Arq. Soraya Montás, representante del Ayuntamiento del Distrito Nacional; la Lic. Gyldalina Taten, coordinadora del proyecto de murales que desarrolla actualmente el ex vicepresidente de la República, doctor Jaime David Fernández Mirabal en la provincia de Salcedo y Marianne de Tolentino, Directora del Centro Cultural Cariforo. Lamentablemente, las conclusiones de ambas actividades  no nos dejaron suficiente luz para clarificar ni siquiera superficialmente el tétrico panorama  que cubre el arte público en nuestro país

Ya lo ha dicho  el gran historiador de arte Sir E. H. Gombrich (1909-2001): “No existe, realmente, el Arte. Tan solo hay artistas”. A seguidas, el gran historiador del arte universal nos advierte que “el Arte con A mayúscula tiene que ser por esencia un fantasma o un ídolo”, pues tal palabra ha significado, significa y puede significar una multiplicidad de cosas en épocas, lugares, situaciones y realidades distintas. Desde mi particular punto de vista, los fundamentos de las prácticas artísticas modernas y contemporáneas se remontan a una antigüedad de más de 40.000 años.

 Desde el mágico paleolítico parietal hasta el sofisticado conceptualismo de las instalaciones, pasando por las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX, el “redescubrimiento” de las artes africanas y precolombinas, los “primitivos informados”, los nuevos realistas y el minimalismo, hasta llegar a los “nuevos” aborígenes australianos) y al “contextualismo” de los video-performers de la actualidad, son muchos los artistas que han practicado la imaginación, la creatividad y la libertad creadora desde la opción individual, llegando a concretizar objetos, realidades, reacciones simbólicas y utopías  definitivamente únicas y trascendentes.

Así, desde los que “pintaron” en Altamira, pasando por “Fluxus”, el “Land Art”, el “Mec Art” y los “Néo-Géos”(“Simulacionistas”) hasta los grandes transformadores del espacio urbano de la posmodernidad (al igual que el mismo Dios frente a la perturbadora y desafiante provocación de Mefistófeles), los artistas verdaderos ejercen siempre  bajo el influjo absoluto de  incitación y respuesta. En este sentido, y antes que nada, la autenticidad creativa supone la búsqueda de unos niveles máximos de libertad expresiva, una aventura perpetua en la exploración de las profundidades de la consciencia y un compromiso incondicional en favor de la poesía y de las utopías espirituales.

Sin dudas, este tipo de creador-ilustrado mucho mejor en el caso de un William Blake (1757-1827) que en el caso de su compatriota Sir. Joshua Reynolds (1723-92)- ha hecho posible que la imaginación siga resplandeciendo como espejo de la memoria, como espacio o instancia  de poder trascendental a través del cual  los artistas llegan a espiritualizar la forma y la materia con tal grado de libertad expresiva, elaboración simbólica, reflexión y vitalidad creadoras que, hasta ahora, sigue  imponiéndose  el hecho estético como el registro más agudo y significativo de la voluntad humana de crecimiento.

El desarrollo urbanístico, la arquitectura y las artes  visuales constituyen  manifestaciones que en los últimos años vienen registrando notables niveles de desarrollo en la República Dominicana, de ahí que se torna urgente  una política o un proyecto de estímulo del arte contemporáneo en el espacio público. Política, proyecto o instancia de análisis, propuestas, respuestas y soluciones que  hagan posible un considerable numero de proyectos que cristalizarían las vitales utopías y aspiraciones de nuestros ciudadanía, así como de todos los artistas, curadores, arquitectos, ingenieros, urbanistas, ecologistas, gestores culturales y especialistas interesados en el desarrollo integral de la nuestra comunidad.

Hasta años muy recientes, en la República Dominicana no se podía hablar propiamente de la presencia de un arte contemporáneo a escala cívica. El derecho de los pueblos a la cultura y el apoyo a las utopías de los artistas han sido cuestiones totalmente obviadas por la mayoría de nuestros gobiernos, por las instituciones municipales y hasta por los empresarios, los cuales no han podido advertir a tiempo la capacidad transformadora y unificadora del arte público. Asimismo, en Santo Domingo siempre se ha dado una relación bastante débil e intermitente entre ingenieros, arquitectos, urbanistas y artistas visuales.

La necesaria transformación del espacio público en escenario estético, alternativo y recreativo, constituye uno de los anhelos perseguidos con mayor energía y entusiasmo por los sectores más sensibles de la sociedad dominicana de la actualidad. El arte público contribuye al aumento de la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, ayudaría al desarrollo de una relación más espiritual con el entorno, provocando nuestras mejores ideas, sentimientos y emociones. Invertir en arte público es invertir en el desarrollo de la sociedad y de la gente

A través del arte público las personas pueden acceder directamente a las interpretaciones más libres y profundas de la vida, del universo, de la naturaleza, de la realidad y de la intimidad. Interpretaciones que constituyen la materialización de las visiones particulares de los artistas, de manera que abordar este tema es replantear la posibilidad de una nueva etapa en el desarrollo urbanístico de la República Dominicana, así como promover la importancia vital de la imaginación. La promoción del arte a escala cívica ofrece nuevos escenarios y nuevas opciones para la creación artística. Ciudades importantes para el arte público son Madrid, París, Londres, Nueva York, Sao Paulo, Miami, San Juan, Puerto Rico, Quito, Bogotá, Barcelona. Un aspecto  de rigor que hay que tener muy en cuenta a la hora de abordar la cuestión del arte público es el relacionado con su mantenimiento. Quien se encarga?,  museos, autoridades, patrimonio cultural, municipios, empresas privadas?.