Uno tiene que oír cosas…

Uno tiene que oír cosas…

Olvidemos las denuncias de nepotismo, los escándalos por corrupción y las demás indelicadezas atribuidas por la prensa y el rumor público a la anterior administración de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE). Dejemos de lado periodistas “igualados” y las fabulosas “asesorías” más caras que un Nobel, gastos políticos y demás marrullas habituales…

Aun cubriendo con un misericordioso silencio todos esos escabrosos detalles, la realidad principal, el tronco o raíz de los problemas en la CDEEE, es que su destituido vicepresidente ejecutivo fue incapaz de articular ni un solo logro o éxito directamente relacionado con su misión eléctrica. Durante sus cinco años de pesarosa gestión no se añadió ni un solo kilovatio térmico a la capacidad de generación. No mejoró de manera significativa la gestión del negocio eléctrico. Las deudas aumentaron y el sistema se fue desmoronando.

Y que nadie diga que hubo falta de apoyo. El Presidente Fernández fue generoso en extremo asignando cuantos fondos requería el pasado vicepresidente ejecutivo de la CDEEE. Subsidios iban y volvían; administraciones eran quitadas y cambiadas; los amigos de los adversarios dentro del comité político fueron casi todos irradiados, para que no hubiera la excusa de que las nefarias rivalidades intra-peledeístas causaban inconvenientes.

Pero hubo, seguro que sí, grandes logros. Diputados que desean ser síndicos montan campañas mediáticas enormes; proyectos presidenciales con visos macondianos crecieron como lo hicieron algunos bancos que luego han colapsado; las propias hordas irredentas satisfacían carencias elementales al realizar su sueño de inscribirse en el presupuesto nacional con categoría de accionista del botín. 

Y todo ello en perjuicio del Presidente cuya confianza era traicionada al fallar en lo más sencillo, en la misión principal, que es promover la eficacia del sistema eléctrico nacional intercontectado; cobrar la luz, pagar a los generadores, atraer inversiones nuevas, proveer energía para el desarrollo nacional, generar confianza. Porque todo lo demás pasaría menos apercibido si hubiera dado luz.

Y ahora, cuando por el lastre de su incompetencia y ante un clamor nacional, el Presidente destituye al culpable y encarga la CDEEE a un exitoso, honesto, racional y apolítico empresario, los acólitos y voceros del destituido montan una desfachatada campaña mediática de descrédito pidiéndole a Celso Marranzini que haga en días lo que Radhamés Segura no hizo en siete años de fracasada gestión.

¡Hay que oír cosas! ¿Condonará el CP del PLD tanta inconsecuencia?