Una saludable rehabilitación

Una saludable rehabilitación

Observados y orientados por centenares de observadores extranjeros y de millares de dominicanos, la Junta Central Electoral pepehachista, tuvo que abstenerse de propiciar las bellaquerías y dislocamientos que le habían insinuado sus mentores oficialistas, y en su lugar, realizar un brillante y admirable trabajo en las elecciones del pasado domingo 16, que ha sido hasta ahora la sorpresa más agradable de todas por el orden y la rapidez con que los votantes ejercieron el sufragio.

Sin embargo, hay que reconocer que la ciudadanía le dio una lección a los políticos, con una masiva asistencia a los colegios electorales y el orden observado en la espera de votar, con excepción del lamentable incidente de Barahona, por lo que la Junta Central Electoral, pudo completar un trabajo sobre el cual había llovido toda clase de premoniciones y de dudas. Afortunadamente, y gracias a la comisión de seguimiento, al interés de los países amigos y la masiva asistencia de los observadores extranjeros, obligó a los jueces de la JCE, identificados con el partido gobernante, a desprenderse de sus compromisos partidarios y reemplazarlos por un deber cívico admirable que los colocará como el equipo humano que llevó a cabo las elecciones más limpias de la historia electoral democrática del país.

Indudablemente que nunca como antes la comunidad internacional se había interesado con tanto empeño por un evento electoral dominicano. Era que existía severas y creíbles dudas de que se pensaba hacer algo para favorecer al candidato oficial del reeleccionismo, que el pueblo rechazó de manera masiva y sorprendente, cuando se creían que pudieron haber tenido un mejor desempeño por el uso abusivo de los recursos del Estado.

Cuando se integró la actual JCE, las voces más responsables hicieron uso de sus influencias y de su peso específico, tanto a nivel nacional como internacional, para prevenir de las travesuras que tratarían de realizar de manera que todo el mundo estuviera advertido que no se podía dejar a su libre albedrío a un grupo de ciudadanos haciendo o deshaciendo en favor de un presidente reeleccionista.

Gracias a esa preocupación, y la llegada con tiempo de los observadores y a la efectiva labor de la comisión de seguimiento, así como al empeño de Participación Ciudadana, contribuyeron a que los sistemas de cómputos fueran debidamente protegidos, salvo por la ligereza con que se trató de imprimir un padrón electoral a pedido del PRD en la madrugada del pasado martes 11, acción que fue detectada por la vigilancia, que hacía la institución electoral, tenían los delegados políticos.

Los integrantes de la JCE pueden sentirse agradecidos y aliviados de la pesada vigilancia que recayó sobre ellos. Los que estaban identificados con el pepehachismo ya no se les manchará su nombre para el futuro de sus familias; así se evitó que se produjera un estallido cívico de peores consecuencias al de abril de 1965. Ahora, los nombres de esos jueces electorales, tendrán una hoja de vida más pulcra y tendrán la frente en alto y sin tener que responder a sus familias por acciones indebidas, propiciadas por sus jefes políticos, a quienes le debían su adhesión por haberlos llevado a esos cargos para llevar a cabo las maniobras necesarias para prolongarse en el poder. Y eso no lo realizaron debido a la vigilancia de tantas gentes que respaldaron al pueblo en apoyar lo que se cree es la mejor opción para salir del desastre administrativo actual que ha precipitado al país en una pobreza lamentable y que el decir del secretario de Tesoro estadounidense, solo Haití y Dominicana, son los países más inestable política, social y económicamente del hemisferio.

El electorado le ha dado una lección a los políticos y en especial a quienes creían poder influir en la decisión de todos de sacudirse de esta pesadilla política que nos gobierna. La JCE y su personal de apoyo pudo llevar a cabo un trabajo admirable y responsable de forma que no hayan dudas acerca de los resultados obtenidos que nos permitirán reorientarnos a partir del 16 de agosto, bajo una nueva administración que recibirá de los actuales incumbentes un cascarón despedazado y en peligro inminente de colapso. El nuevo gobierno recibirá las arcas vacías y serios compromisos internacionales que afectarán la economía por un largo período. Esto requerirá una labor mancomunada de todas las fuerzas vivas nacionales de buena voluntad, y que les duele el destino del país, para evitar que caigamos en una situación similar a la haitiana, o peor aún, enfrentarnos a un fideicomiso como aquel ocurrido a principio del siglo pasado cuando los norteamericanos intervinieron las aduanas para cobrarse lo que se les debía, y como pasó previo a su primera intervención en 1916.