Una costosa y larga huelga

Una costosa y larga huelga

A medida que el Colegio Médico Dominicano renova, por tramos, su agotadora y frustratoria huelga en los hospitales,  se agudiza la percepción de  que su método de reclamo está agotado. Se ha  reducido sustancialmente la asistencia de pacientes, que aún con pocas esperanzas de recibir atención por motivo del paro,  acudían a tales  centros imprescindibles  para los estratos de bajos  ingresos;  los desposeídos y pobres de solemnidad, para los que en estos momentos  no hay  siquiera una respuesta limitada   a los problemas de salud, carencia  que  ha pasado a manifestarse  con penosa duración.

Lo justo, por respeto a la gente más necesitada de este país, arrojada a un desprecio que agrava sus sufrimientos, sería que la paralización de hospitales tenga más sentido como gesto y demostración para conmover a la sociedad y al Gobierno, que como negación exagerada de un servicio vital. El Gobierno tiene su cuota de responsabilidad en este perjudicial conflicto, por obcecado, cerrándose  a cal y canto, sin facilitar un real proceso de diálogo y limitándose a la simple escucha de gestiones de prominentes mediadores. Pero, la resistencia tan severa del Colegio Médico a aceptar  la realidad de que se está estrellando contra un muro de insensibilidades,  deja a los pacientes en el más completo desamparo, atrapados en el fuego cruzado de una guerra que ya debe cesar.

¡Cuidado! Receta para gastar más

Ha salido a la luz que el Fondo Monetario Internacional recomienda al país aumentar el gasto públicoaunque deba endeudarse para lograr la ansiada reactivación de la economía. Es la opción que vale en estos momentos para la mayoría de los países. Sin el “oxígeno” que representaría dedicar  más  recursos a obras y a pagos por servicios, para  imprimir indirectamente dinamismo a la industria, la agricultura y el comercio, la producción y el consumo seguirían deprimidos. Por tanto, se justificaría provocar esa oxigenación.

Lanzar al país a un uso mayor de recursos del Estado y del crédito externo  obliga a reconocer  que  con frecuencia lo que más ha precupado aquí es la calidad, no la cantidad, del gasto. Tendría el Gobierno que medir muy bien sus pasos al extenderse en tales usos y preferir renglones de inversión que multipliquen empleos sin subordinación política y atiendan necesidades de  las comunidades y de los entes de producción.