Un ser influenciable

Un ser influenciable

Uno de los temas que nunca dejan de estar en boga es el descubrir qué influye en el desarrollo de la personalidad de un ser influenciable.  La convivencia con los padres, los aspectos de la niñez como la educación y hasta los medios de comunicación se encuentran en la mira para explicar las características de este comportamiento humano.

Es notable identificar que estas personas se dejan llevar por las corrientes, esconden su verdadera personalidad y quieren imitar a los demás todo el tiempo. Por ninguna razón revelan su individualidad, el miedo a qué piensan los otros de ellos y a ser rechazados los detiene por completo y se llenan de apegos o dependencia a personas u objetos.

Generalmente, vemos por ejemplo, que delante de los padres muchas veces los hijos se muestran con ideas muy claras, saben bien lo que quieren y argumentan en todo momento el porqué de sus decisiones y preferencias. No es extraño que defendiendo sus criterios los niños y adolescentes se muestren incluso rebeldes y desobedezcan para salirse con la suya. Pero muchas veces este carácter firme e independiente que vemos se diluye cuando están con sus amigos.

Igual que los adultos, los más jóvenes necesitan sentirse integrados y queridos por sus semejantes, por eso intentan parecerse los unos a los otros imitándose en la forma de hablar, de vestir, etc., pero en ocasiones este deseo de aceptación puede llevarles a perder su identidad frente a los demás de una forma excesiva, dejándose influenciar hasta el punto de anularles como individuos.

Y esto se debe, en ocasiones, cuando en la infancia se ha tenido una dosis exagerada de frustración, lo que provoca que se empiece a buscar consuelo en personas o cosas materiales que den cierto alivio y seguridad.

Con el paso de los años este mismo estado se traslada a padres, hermanos, amigos y parejas.  La finalidad es complacerlos en todo, y así asegurarse de supuestas relaciones lejos del fracaso, pero los resultados pueden ser contrarios a lo que se espera. 

Quien se deja llevar por los demás lo único que desea es quedar bien, aunque esto en el fondo le provoque frustración.  La debilidad por compararse todo el tiempo, hacer lo que otros quieren y desear las mismas cosas que los demás, lleva a un ritmo agotador de vida. 

Se consulta desde detalles mínimos de adquisiciones materiales, hasta los más importantes en la vida; por ejemplo seleccionar una carrera profesional, elegir o no un trabajo y decidir quién puede ser un amigo, por mencionar algunos aspectos.  Regularmente esto provoca que la persona se convierta en una carga y las relaciones, lejos de unirse, se distancien.

Dejar de ser influenciable no significa no ser cordial ni que hacer esfuerzos por la gente que se ama sea negativo, pero debe ser una elección propia y no impuesta por la presión de mantener su amor.