Un plan de todos

Un plan de todos

El propósito anunciado por el Presidente Leonel Fernández, de promover el uso de combustibles alternos y el ahorro de energía en las instituciones públicas, debería constituirse en una meta nacional en dimensión y alcances.

De paso, el anuncio permite deducir que lo que hemos estado clasificando como subsidio al gas licuado de petróleo es, en esencia y realidad y al margen de todas las distorsiones creadas, una reinversión del ahorro que constituye el uso de este carburante en el transporte, por su bajo precio en comparación con la gasolina.

Como punto de arrancada, el Gobierno debería propiciar ciertos instrumentos que fomenten el ahorro de energía y el uso de los carburantes más baratos. ¿Sería factible que los vehículos que operen con gasoil o gas licuado de petróleo paguen menos impuestos de importación y matriculación que sus equivalentes de gasolina? ¿Sería posible establecer incentivos especiales para el desarrollo de empresas de generación de electricidad a partir de las fuerzas del viento, hidráulica o solar? ¿Se está haciendo lo necesario para fomentar la producción masiva de alcohol anhídrido que pueda ser mezclado con la gasolina en proporciones que generen ahorro? ¿Se ha explorado la factibilidad de fomentar el establecimiento de plantas para producción de biodiesel?

–II–

En términos globales, los problemas energéticos del país tienen dos vertientes fundamentales.

Una de nuestras calamidades es que teniendo una economía débil, dependemos de costosas importaciones petroleras para abastecernos de combustibles y en energía. Otro flanco endeble es que gastamos energía y combustibles como si la encontráramos en el basurero.

Es innegable la vocación por los vehículos de alto consumo, que abundan en nuestro país; es inocultable que el tránsito desordenado y el transporte inadecuado provoca gran dispendio de combustibles.

Inclusive, el Gobierno como tal no tiene un plan continuo y riguroso de ahorro de combustibles y electricidad, y esperamos que las palabras del Presidente apunten en la dirección de establecerlo y aplicarlo.

Por el otro lado, se desperdicia una parte considerable de la poca y costosa energía eléctrica de que disponemos, sobre todo por uso irracional en los hogares y, además, se hace difícil que todos los usuarios paguen por su uso.

–III–

En resumidas cuentas, un propósito como el anunciado por el Presidente requiere de estrategias generales en cuya aplicación tengan que involucrarse el Gobierno y el sector privado, y en especial toda una población con muy malos hábitos de consumo.

Hay que estimular por todos los medios el abaratamiento de los costos de la energía y el transporte, a partir de medios de generación y de combustibles menos costosos que los habituales. España, por ejemplo, con una economía mucho más holgada que la nuestra, tiene preferencias y más que estimular impone el uso de vehículos de gasoil en vez de gasolina, con lo que fomenta ahorro considerable y eficiencia.

El propósito anunciado por el Presidente debe involucrarnos a todos, pero con el rigor necesario para lograr los mejores resultados.