Un lenguaje para todas y todos

Un lenguaje para todas y todos

SONIA VARGAS
Se trata de reconocer cuándo es vital para nosotras ser nombradas y nuestro ocultamiento es de suma gravedad.

Niñas y mujeres en la sombra. Aun cuando conozco las resistencias de muchos de mis buenos amigos y amigas, periodistas, escritores, escritoras, académicos y académicas ante el problema del lenguaje incluyente, me es imposible callarme ante el gran título de un periódico de circulación nacional. Lo transcribo textualmente. ‘Capturan cada día por abuso sexual contra niños’ y de nuevo el jueves 27 de julio, en otra sección.

Créanme, no estoy coleccionando ese tipo de títulos, porque si no, un solo artículo no sería suficiente para reportarlos a todos. Y como yo, ustedes habrán leído el artículo y se habrán dado cuenta de que los niños son, en su inmensa mayoría, niñas. Son niñas de 4 a 10 años (representan la mayoría, ¡sí, qué horror!), seguidas por adolescentes, mujeres jóvenes y adultas que son violadas a diario en República Dominicana y en el mundo. Eso sí, los violadores son todos hombres y en su gran mayoría también son hombres los actores de incestos.

Entonces, ¿No les parece que ese gran título nos podría informar mejor? ¿No les parece que podría por lo menos haber dicho ‘Capturan a 20 hombres cada día por abuso sexual contra niñas y niños’? Porque, como ven, no niego en absoluto que haya también algunos niños violados. Solo pido que reflejen de manera más objetiva la realidad.

¿Será que toca recordarles a los y las periodistas que el lenguaje no solo es una asombrosa herramienta que nos permite interactuar humanamente, sino que refleja y construye la realidad y el mundo en el cual vivimos? Y así, lo que no se nombra no existe. Me parece terrible y casi vergonzoso tener que decir esto a propósito de un gran título de primera página uno de los diarios más importantes del país.

Ahora bien, no me hagan decir lo que no estoy diciendo.

Sólo pido sentido común, sentido común para seguir avanzando en la construcción de un país e, incluso, de un mundo capaz de reflejar la idea que tenemos de la democracia. Preciso esto porque no se trata de revisar todos los textos del mundo escritos por hombres o mujeres Se trata de reconocer y de discernir cuándo es vital para nosotras ser nombradas y dónde nuestro ocultamiento es de suma gravedad para la construcción de nuestra identidad y el reconocimiento de nuestra participación en la administración del mundo. En este sentido exigimos ser nombradas en documentos oficiales, declaraciones, discursos políticos, constituciones, leyes y decretos, por supuesto.

Y, con mayor razón, en textos escolares, en escritos de políticas sociales, en textos universitarios e investigaciones científicas, en editoriales y artículos de prensa, en comerciales y en todo lo que se refiere a la dinámica de la vida cotidiana.

En todos estos lugares y espacios habitados por hombres y mujeres. No sé si con esto convencí a los amigos políticos que en su mayoría son absolutamente alérgicos al lenguaje incluyente. Sin embargo, tendrán que acostumbrarse porque es un debate contemporáneo importante que estamos ganando poco a poco.

Una de las más grandes feministas italianas, Alexandra Bocchetti, dice lo siguiente. “Nombrando mi sexo, quiero que también el otro sexo se nombre, obligándolo a reconocer su parcialidad, obligándolo a la representación de esa parcialidad”. ¿Sí o no, dirigentes políticos?