Un día en la calle El Conde

Un día en la calle El Conde

La prisa y la rutina de cada día nos ciegan  impidiéndonos contemplar lo que está a nuestro lado. En esta cotidianidad, nos perdemos de disfrutar uno de los lugares más bellos y que guardan más historia de la ciudad: la calle El Conde.

Y es que pasar  un día aquí   es una experiencia inolvidable. Si nos detenemos a  ver las edificaciones, las artesanías, los museos… nos embriagamos de  toda la magia que le rodea.

¡Vivir!, junto al lente de Ana Santos, les invita a pasar un día  en esta calle, y esta vez, olvidarse un poco del tiempo  y detenerse  a observar sus encantos.

Mi café favorito

A las 8:00 de la mañana llegué  al Conde, con la intención de iniciar el día con el “néctar negro de los dioses blancos” (como solía decir mi suegro) e hice la parada obligatoria: La Cafetera, donde el “medio pollo” (café con leche) me ayudó a recordar que aquí se toma el mejor café de Santo Domingo.

Desayuno en Petrus

Luego de caminar unas cuadras y hacer mis acostumbradas compras en las legendarias tiendas de acá, entro a desayunar a Petrus. Aunque muchos preferirían un mangú con queso, yo fui feliz con una mazorca de maíz, esas que cada vez les salen mejor.

Con zapatos cómodos

Por suerte recordé que esta calle es peatonal y salí con un calzado deportivo (cosa  no acostumbrada en mí). Así pude caminar despacio e ir  mirando las artesanías que venden afuera de las tiendas. Entre las cosas que encontré están  esas “mamajuanas” que supuestamente curan ocho enfermedades.

En el parque Colón

Ya entrada la tarde, quiero descansar un poco. Y qué mejor lugar que el Parque Colón,  donde la suave brisa nos hace sentir   libres.

Agréguele, al encanto del momento, las palomas que se posan allí, símbolo de paz y tranquilidad. ¡Perfecto!

No debe faltar

En esta aventura que ha  decidido vivir conmigo, no dude en entrar a la Catedral, aunque no sea creyente. Es una visita que no puede faltar. Recuerde la historia y la belleza arquitectónica que en ella hay.