Un cumpleaños para todos

Un cumpleaños para todos

MANUEL GUEDÁN
ESPAÑA.
  Estamos de celebración. Hace 30 años de las primeras elecciones libres, después de la muerte del dictador Franco, y festejamos aquella transición modélica que, sin ajustarse a ningún guión, superó las diferentes etapas con un objetivo claro y común: acabar por fin con el enfrentamiento entre españoles.

«No existe el determinismo histórico. El futuro, lejos de estar decidido, es abierto e inseguro» decía Adolfo Suárez en aquella época y tenía razón porque lo que sucedió durante los meses de la transición no correspondía a los planes de ninguno de los actores  las fuerzas franquistas, la izquierda, la derecha democrática, el Rey, los nacionalistas, los sindicatos, la patronal y el ejército . Los pasos que se iban dando fueron el resultado de las confrontaciones de los diversos libretos. El llamado «modelo español» se basó en un sin fin de negociaciones y pactos entre las fuerzas políticas y sociales y en un amplio consenso ciudadano, a favor de la libertad y de la democracia.

Porque la transición no empezó con la muerte de Franco, en noviembre de 1975, sino con la destitución de Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno y el nombramiento de Adolfo Suárez, en julio de 1976, ya que Arias Navarro, llamado Carnicerito de Málaga por su actuación como fiscal en la Guerra Civil, fue el albacea de Franco durante esos ocho meses y su proyecto se basaba, precisamente, en impedir la democracia.

En un magnífico libro recién publicado, El final de la dictadura, Nicolás Sartorius reivindica, con tanta justicia como fundamento  ha sacado los datos de los informes de los gobiernos civiles de la época  que la izquierda y los movimientos sociales fueron decisivos para convencer, tanto a los que se oponían como a los reticentes, que no había otro camino pacífico que no fuera una rápida instauración de las libertades. Las movilizaciones populares «rompieron el espinazo del Gobierno de Arias Navarro» y sin ellas no se hubieran planteado las cortes franquistas, que sobrevivieron durante los primeros meses de la monarquía, aprobar una Ley de Reforma Política.

Nico afirma en su libro que durante los tres primeros meses de 1976 se produjeron en España 17,731 huelgas,  150 millones de horas perdidas . Sólo entre el 14 de enero y el 16 estuvieron en huelga en Madrid 350.000 trabajadores y hay que recordar también, por ejemplo, los sangrientos sucesos de Vitoria, con Fraga Iribarne como ministro del Interior, y las movilizaciones de solidaridad que provocaron en toda España.

Y la izquierda fue la que forzó la batalla por la amnistía y los derechos democráticos y respondió siempre de forma pacífica a las sangrientas provocaciones de la extrema derecha,  matanza de los abogados de Atocha, entre otras,  y a las brutales represiones de las fuerzas de orden público, que llegaron a causar muertes en las manifestaciones.

Finalmente, no hubo más remedio que hacer un gran pacto y las personas e instituciones herederas del franquismo se vieron obligadas a aceptar la democracia. A cambio, los demócratas aceptamos la monarquía y los símbolos nacionales. Todos cedimos algo y hoy, 30 años después, podemos celebrarlo.