Un caso nocivo de nerviosismo petrolero

Un caso nocivo de nerviosismo petrolero

Los precios del petróleo retrocedieron el lunes ligeramente, después que el presidente Hugo Chávez, de Venezuela, el quinto exportador mundial, parecía haber sobrevivido al referendo revocatorio.

Pero al comenzar el día, llegaron a US$46.91 el barril en Nueva York, el pico más alto desde que se inició el comercio de futuros hace dos décadas. Además de la posibilidad de un caos político en Venezuela, los brotes recientes de “malas noticias” relacionadas con el petróleo -incluyendo la continuidad de la crisis con Yukos, la compañía petrolera rusa-, los sabotajes en los oleoductos de Irak, un incendio en una refinería de EEUU y el temor omnipresente de los ataques terroristas- han reducido a los comerciantes de petróleo a tal estado de nervios que han hecho subir los precios a nuevos récords en todas menos una de las últimas doce sesiones de negocios en Nueva York y Londres. ¿Cuánto de racional hay en esto?

Dada la tirantez del mercado, y la aceptación de los productores de la OPEP de que el cartel tiene escasa capacidad disponible, los comerciantes de petróleo serían tontos si ignoraran cualquier noticia potencialmente adversa para  los suministros de crudo. Pero el clima actual, obviamente, no conduce a una valoración tranquila. Venezuela es un caso  Los que temen lo peor para el exportador de petróleo del país recuerdan cómo la huelga de 2002, por parte de los opositores al señor Chávez en PDVSA, la compañía petrolera estatal, detuvo la producción. Pero olvidan que posteriormente el presidente venezolano expulsó a la mayor parte de los trabajadores de la compañía, y por tanto no están en posición de detener la producción.

Tal como señala la Agencia Internacional de Energía (IEA) en su más reciente informe mensual, el mercado del petróleo puede que esté muy tenso, pero ha estado viviendo en la incertidumbre durante algún tiempo y es posible que su sistema para amortiguar una interrupción posible pudiera estar aumentando; las reservas de petróleo están cerca de su rango normal y en cualquier caso los mayores países importadores que están representados en la IEA cuentan con 1,4 millardos de barriles en reservas estratégicas, para el caso de que se produzca un desastre.

Sin embargo, muchas personas temen que los precios pudieran continuar su ascenso. Y parecen incluir que hasta Arabia Saudita, el mayor exportador de crudo del mundo, esté como el más complacido con la situación actual. El príncipe heredero Abdullah, el regidor de facto del reino, dijo este lunes en una entrevista que desearía ver los precios del petróleo de nuevo en el rango de US$25-US$30, y que su país bombeará “tanto petróleo como permitan sus yacimientos con el fin de contener los precios”. Es difícil creer que esté siendo totalmente sincero en pedir precios más bajos. Pero sí es totalmente lógico que Arabia Saudita se preocupe por el efecto a corto plazo de precios altos sobre la demanda de su única materia prima, y por el incentivo a largo plazo que puede resultar un precio muy elevado para que el mundo invente sustitutos para el petróleo.

¿Qué más pueden hacer Arabia Saudita y la OPEP? Durante el pasado fin de semana, el presidente de la OPEP pidió a los productores que no son miembros de la OPEP que aumenten su producción todo lo que puedan. Pero ya la mayor parte de estos productores lo viene haciendo. Es cierto que la producción no-OPEP subió en 1.35 millones de barriles al día  durante el último año, una tasa de incremento que se espera continúe en el 2005.

Pero lo que contribuiría mucho más a los suministros de petróleo del mundo sería que los países de la OPEP se abrieran a la inversión extranjera. Ya algunos lo han hecho y otros, como Libia, se están abriendo más. Pero en su mayoría, estos países tienen restricciones que están reacios a levantar. Los conservadores de Irán acaban de liquidar los intentos por mejorar los incentivos a la inversión en el petróleo, y la propia Arabia Saudita impide que las compañías extranjeras exploren en busca de gas. Los países de la OPEP pudieran argumentar que la inversión extranjera complica su membresía en el cartel. Pero no pueden quejarse al mismo tiempo de la insuficiencia de la producción de petróleo.

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TRADUCCION: Iván Pérez Carrión