Un buen momento para abandonar actitudes negativas

Un buen momento para abandonar actitudes negativas

TEÓFILO QUICO TABAR

Los países desarrollados de alguna manera realizaron autocríticas sobre los principios e ideologías que definieron sus estructuras y mentalidad.

Y algo semejante se hace impostergable en los países que todavía están lejos de alcanzar el pleno desarrollo, ya que una parte importante de su población no disfruta de las cosas esenciales y fundamentales para la vida en dignidad.

Algunos iniciaron un radical viraje en su concepción ideológica y económica. En cierto modo confesaron el fracaso del estatismo extremo.

Incluso llegaron a proclamar como salida o solución político-económica, el regreso a las libertades individuales. A la apertura democrática.

A la economía de mercados y de la libre empresa. Naturalmente, una transición de estas dimensiones requirió ajustes, sacrificios y de un proceso de acomodación, que tomará todavía tiempo para producir los frutos deseados.

No basta solamente criticar los denominados modelos económicos existentes. Ni hablar de los nuevos esquemas que se nos presentan como panacea. Es necesario que el proceso de reflexión conlleve interrogantes que deben ser respondidas con toda honestidad. Comenzando por determinar si en las actuales circunstancias que vive el mundo, es posible el desarrollo económico sin un cambio cultural.

Particularmente no estoy dentro de los que hicieron cambios radicales en su concepción ideológica. Pero tampoco quiero que me coloquen dentro de los que entienden que por imperiosa necesidad hay que realizar cambios radicales en su concepción económica como si se tratara de un país industrializado y rico.

Pues no faltan quienes quieren empujarnos sin miramientos hacia esos objetivos, olvidando que tenemos una economía en cierto modo dependiente. Que debe irse adaptando, paso por paso y avanzar en la misma medida en que avancen otros aspectos fundamentales en todo proceso de desarrollo integral.

Para fortalecer un nuevo modelo económico, tiene que irse modernizando concomitantemente el Estado, conjuntamente con la mentalidad y la educación. No una modernización que como panacea se anunció en el pasado. Pues resultó para fortalecer grupos de poder. En vez fortalecer todos los grupos que interactúan en la sociedad.

El país quiere progresar y desarrollarse. Iniciar un camino acelerado hacia adelante. Marchar con entusiasmo hacia la búsqueda de niveles de riqueza en todos los sentidos. Para todos sus habitantes. Por eso entiendo que en un momento especial y trascendental, ya camino a salir de la tragedia mundial de la pandemia, se presenta un panorama que invita a la reflexión.

A actuar con imaginación. Abandonar actitudes que pretendiendo causar males para beneficio político a mediano plazo, puedan conducir a empeorar la situación. No de los actores, sino del pueblo que quiere progresar y desarrollarse.

Debemos propiciar acciones que eviten temores e incertidumbres. Procurar identidad y sintonía entre los líderes actuantes. Entre los que dirigen y los dirigidos. Que haya absoluta confianza. Con verdadera transparencia. Donde no se separen las cosas del Estado, de las políticas partidista. Ni se mezclen las conveniencias grupales con las de la nación.

Si se actuara tomando solamente en cuenta los intereses del país, independientemente de lo que convenga o no partidariamente, participando con actitud patriótica en las cumbres de diálogo, las cosas serán diferentes. Le ahorraríamos muchos temores a la familia dominicana. Ojalá no sea pedirle peras al olmo.

La República Dominicana quiere progresar y desarrollarse

En el pasado la modernización solo fortaleció a los grupos de poder

Debemos propiciar acciones que eviten temores e incertidumbres

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