Un aliento refrescante

Un aliento refrescante

El tema de la Reforma Constitucional  nos lleva siempre a hacer un balance  de sus resultados. De  sus logros y  retrocesos. Sin demeritar lo primero, ocupa mayormente la atención y preocupa  lo segundo; y es lógico que así sea. Se asume que la Constitución es una carta de vida, una ruta hacia el desarrollo y bienestar de los pueblos, garantizando sus derechos y  libertades, públicas y privadas. Un camino hacia la plenitud, como meta suprema. Cuando se atasca, produce frustraciones y desasosiego.

Como aroma refrescante, nos llega el hecho de que por vez primera la Constitución plasma la importancia de la actividad deportiva y el compromiso del Estado Dominicano  de ofrecerle su  más amplio y absoluto respaldo. El Ministro de Deportes lo resalta como debe ser. En   alto relieve. No hay dudas de que durante la gestión del Presidente Fernández Reyna y de su Ministro Jay Payano, el deporte ha recibido esmerada atención y abundantes recursos, para estimular a nuestros atletas y promover  su participación en importantes eventos nacionales e internacionales. Y esa dedicación ha cosechado luengos frutos.

El deporte es una de las manifestaciones humanas, a la par con  la política, la religión y los espectáculos artísticos,  que más enerva la pasión y concita el entusiasmo atrayendo  multitudes. El político no desconoce ese atractivo y lo usa para sus fines. “Pan y circo”, decían los romanos, y así ha sido en todas las latitudes y épocas.

Modernamente, se ha  convertido en una gran industria, en una empresa rentable de innúmeros beneficios. La actividad deportiva se ha desarrollado y diversificado  a niveles nunca imaginados. Los juegos del ciclo olímpico, como el deporte profesional, generan fortuna, fama  y prestigio. Los políticos lo saben y  sacan buen provecho, actuando con tino.Rafael Leonidas Trujillo amaba sus caballos más que a la gente y nos dio el Hipódromo Perla Antillana. Nos hizo fanáticos del hipismo y del Potro Gris, cuando otros sentimientos no podían manifestarse. Las canchas del Hotel Embajador se engalanaron con los torneos de Polo, sus briosos corceles y diestros jinetes. El béisbol le debe la construcción de los tres principales  estadios, los primeros con luces.  Joaquín Balaguer, político de cuerpo entero que despreciaba el deporte, tuvo el olfato de los XII Juegos y  creó el COJPD y  la Secretaría de Estado de Deportes,  dos exponentes magníficos para su expansión y desarrollo. Peña Gómez,  desde la sindicatura,   relanzó el deporte tanto como al ornato de la ciudad. Jorge Banco celebró   dos juegos nacionales y el Centroamericano Santiago 86, y extendió la política deportiva a los barrios, la frontera, las cárceles y los minusválidos. Incorporó dos nuevos equipos a la Liga, fomentó los juegos campesinos y decretó como política de gobierno  la asistencia y facilidades  a los clubes y a los atletas, hoy superada por el vasto programa de la actual cartera deportiva. Hipólito Mejia, buen deportista,  se encaprichó con los Panamericanos,  un derroche de  recursos e instalaciones lujosas. Este panorama que nos ofrece la nueva Constitución; qué bueno que haya un bonito espacio reservado para el Deporte y la Recreación.