Trágico balance familiar

Trágico balance familiar

SERGIO SARITA VALDEZ
En el campo de la sociología moderna es de amplia aprobación el concepto de familia como núcleo primario a partir del cual se estructura todo el conglomerado que constituye lo que es una comunidad. Se trata de algo parecido a lo que sucede con el cuerpo humano en donde la célula es la unidad simple de donde se forman los tejidos que forman órganos y sistemas.

Por eso decía el patólogo alemán Rudolph Virchow, allá a mediado de siglo XIX, que todo el que se interesara en estudiar las enfermedades tenía obligatoriamente que analizar en detalle el componente celular. Siguiendo la analogía diríamos que si queremos comprender la situación de un contexto social en un momento dado, tenemos necesariamente que adentrarnos en

los pormenores de la situación  del ambiente psicológico, financiero y cultural del seno familiar.

La panorámica dominicana viene en forma acelerada dando muestras de un progresivo deterioro de lo que hasta hace unos años era orgullo del país. Nos referimos a la hospitalidad y solidaridad del criollo a toda hora y para todo el mundo. Daba gusto detenerse en un hogar cualquiera y pedir un vaso de agua. Sin pedirnos identificación alguna se nos abría de par en par la puerta y se nos invitaba a pasar mientras nos preparaban con gusto el hidratante e incoloro líquido vital.

Hoy día nadie abre sus puertas a extraño alguno, amén de que no se regala el agua puesto que cuesta dinero el obtenerla. La desconfianza se ha ido adueñando de la mente

de la gente; el engaño, la mentira y la traición son el pan nuestro de cada día en las interacciones humanas. La confianza, la sinceridad y la franqueza son prendas que solamente adornan el pecho de los ingenuos, incautos y humildes. Estos últimos son tildados de tontos y atrasados, siendo con frecuencia objeto de burlas y ridiculizaciones.

La fragmentación en el seno hogareño conlleva a la enajenación del individuo con el consiguiente incremento del egoísmo, la envidia, el odio y el sentimiento de dominio en perjuicio del prójimo. La apropiación por la fuerza de bienes y servicios, combinado con el aplastamiento y avasallamiento del débil mediante la amenaza y los abusos se vuelven la normativa del salvajismo contemporáneo.

El hombre campesino de golpe y porrazo se torna citadino yendo a morar en las zonas periféricas de las comunes cabeceras provincianas. En las dos grandes ciudades del país abundan las compañías privadas de vigilantes que reclutan a machos de pelo en pecho, abundante desarrollo muscular y marcada atrofia neuronal donde las respuestas instintivas gobiernan la coordinación locomotora y del accionar de sus extremidades superiores. Cada uno de estos agentes defensores de las propiedades cuenta con una escopeta de cartucho para el ejercicio de sus funciones.

Muchos de ellos son asiduos discípulos de Baco y atentos oyentes de los mensajes belicosos que se propagan a través de la música de amargue.

La intriga de los celos se crecen con el continuo martilleo de la melodía bachatera y el repique del pimentoso merengue o el contagioso reguetón que habla de la infiel que burla la confianza depositada en ella por el tenorio de recio pantalón. Es dentro de ese contexto que

hemos de interpretar la conducta de un vigilante, que en la ciudad capital, abandonó una tarde sus labores de vigilancia en un banco comercial para trasladarse de inmediato a la casa de su concubina. Esa oscura y ensangrentada tarde, aquel endemoniado ser, provisto de su arma de fuego de cañón largo, no titubeó para apretar el mortífero gatillo en varias ocasiones, segando la vida de su cónyuge y tres vástagos, los cuales cayeron junto al momentáneamente enajenado bípedo, víctima todos ellos de la metralla homicida- suicida que acabó con la vida de cinco seres humanos, idos a destiempo como producto de la sinrazón.

Hechos como éste deben convertirse en una altamente sonora clarinada que despierte el alma nacional recordándole la gravedad del mal que nos aqueja y sobre la necesidad de implementar urgentes medidas preventivas para evitar que tragedias tan escandalosas, desagradables y dolorosas sigan repitiéndose con tanta frecuencia.