Todo tiene sus recompensas

Todo tiene sus recompensas

FRANCISCO ÁLVAREZ CASTELLANOS
Con el petróleo a cien «tulipanes» el barril, tendremos que esperar que los combustibles tendrán el mismo comportamiento.

O sea, que aquellos que con «nariz parada» se trasladan en vehículos de ocho cilindros, tendrán que bajar el «respiradero», buscar algún tonto de capirote que posea un carrito «clase media baja», y convencerlo para cambiarlo por su «jet de tierra».

El problema es que no hay que ser tonto de capirote para aceptar el negocio, sino estúpido de padre, madre, abuelo y tatarabuelo para entrar en el negocio.

El asunto del petróleo no es pasajero. Que se bajen de esa nube los que lo crean así.

Según los expertos en la materia, solo hay petróleo para cincuenta años más. De ahí en lo adelante podrían volver los jumentos (alias burros) o los equinos de paso fino (alias caballos) para ir de aquí para allá y de allá para acá.

Pero, mientras pasa el tiempo, el Hombre no se ha quedado asando «potatoes», sino que está buscando desesperadamente el sustituto del oro negro, un «negro» que vale oro, sin lugar a dudas.

Por ejemplo, ¿qué rayos podría sustituir la gasolina en los vehículos de motor? Así, de primera intención no se me ocurre nada, pero lo que se dice nada.

Pero, para que no se diga que estoy «hecho tiras y recomendado para hilacha», podríamos producir etanol.

Dicho lo que está dicho, tenemos la obligación para buscar los medios de movernos de un lado a otro y viceversa, sin que el cansancio nos haga pedir cacao.

Utilizar un caballo sería casi lo mismo, salvo que el susodicho equipo tiene un porte real entre sus «congéneres», aunque también, como el burro, podría hacer cualquier «caballada» cuando «tenga ganas», lo que significaría más trabajo para los obreros del Ayuntamiento.

No obstante, todo trabajo, por duro que sea, tiene su recompensa. Como ven, todo en la vida tiene sus recompensas, cuando se trabaja con buen ánimo.