To be or not to be…estar o no estar

To be or not to be…estar o no estar

FABIO RAFAEL FIALLO
En el plano lingüístico reina un cierto sentido de la igualdad: ningún idioma se puede considerar superior o inferior a los demás. Cada uno posee sus propias virtudes, de las que puede ufanarse con razón. Por ejemplo: una de las riquezas de nuestra lengua materna, tan mal tratada por cierto en estos días en que domina la superficialidad cultural y el desgano por el buen hablar, es el hecho de poseer dos verbos, ser y estar, con significados que aprendemos a distinguir desde la infancia; en tanto que otros idiomas no menos importantes, como el inglés y el francés, no disponen sino de un sólo término para referirse a ambos tipos de situación (la de estar y la de ser): el verbo to be en el caso del inglés, etre, en el del francés.

La diferencia entre ser y estar reviste una importancia capital. En dicha diferencia radica la base de la filosofía tal y como la plantearon originalmente los griegos de la Antigüedad: la diferencia entre, por una parte, lo que es determinante, la esencia de algo (el ser) y, por otra, lo que es fortuito, momentáneo (el estar) de una cosa. De esa distinción surge nada más y nada menos que el tema primero y supremo de la filosofía: la metafísica, es decir, la reflexión sobre lo que es independiente del momento, de la apariencia, de las circunstancias; o dicho de otro modo, la reflexión sobre el ser. Y ese cuestionar de la metafísica, los que manipulamos el español como lengua materna podemos captarlo, por así decir, como algo natural. Gracias a los verbos ser y estar.

Valga precisar que al inglés y al francés no les faltan a su vez sobradísimos motivos de enorgullecerse de sus acervos respectivos. Pero ambos no pueden sino inclinarse con humildad ante nuestro idioma por la manera en que nosotros, hispano-parlantes, podemos expresar claramente, por medio de los dos verbos que acabamos de mencionar, estados disímiles cuya diferencia resulta más difícil de comprender y describir en los otros dos idiomas.

El problema surge, como es sencillo imaginar, cuando se tiene que traducir ese verbo de un idioma al otro. Tomemos el caso de la frase del Hamlet de Shakespeare: «To be or not to be; that is the question». Como todos sabemos, en español la frase se transforma, sin duda acertadamente, en «Ser o no ser; ésa es la cuestión». Ahora bien, después de todo, cabe preguntarse: ¿Por qué no utilizar el verbo «estar», en vez de «ser», para traducir en ciertas circunstancias la frase que nos ocupa?.

Es esto precisamente lo que haremos a continuación para analizar por qué Bosch rechaza participar en los comicios que el Triunvirato pretendía organizar en 1965 pero luego acepta tomar parte en aquellos, celebrados bajo la presencia de tropas extranjeras, que perdió frente a Joaquín Balaguer en 1966.

Estar o no estar presente en las elecciones de 1966; he ahí la cuestión, el dilema decisivo, la alternativa desgarradora, incluso trascendental, a la que en esos momentos se enfrentó sin duda alguna el Profesor.

Antes de continuar, vale la pena hacer la siguiente aclaración. En un artículo precedente explicamos que la presencia de tropas extranjeras en el país durante la campaña electoral de 1966, al igual que el apoyo político brindado en esos momentos por Estados Unidos a Balaguer, no tenían por qué jugar un papel decisivo en contra del candidato de los constitucionalistas. Añadimos que, al contrario, dicha presencia y dicho activismo hubieran perfectamente podido estimular el sentimiento nacionalista de la población y perjudicar al candidato sostenido por los norteamericanos. Uno de los objetivos de esta serie de artículos consiste precisamente en identificar las razones que condujeron a la derrota electoral del Profesor Bosch en aquellas circunstancias. En el presente artículo trataremos en particular de analizar las motivaciones que llevaron al líder constitucionalista a participar en las elecciones de 1966 bajo la presencia de tropas extranjeras no obstante haber rechazado el principio mismo de elecciones bajo el Triunvirato.

Bosch tenía en sus manos el recurso de negarse a concurrir a los comicios del 66 y proclamar la ilegitimidad de los mismos. Si se hubiese abstenido de participar, aquel proceso electoral habría tenido un valor apenas relativo. Es por ello que, como relata Bernardo Vega en su libro «Cómo los americanos ayudaron a colocar a Balaguer en el poder en 1966 (p. 288), los Estados Unidos se cuidaban, a fin de evitar que Bosch se retirara de la campaña electoral, de no traspasar ciertos límites en el papel activo que desempeñaron indiscutiblemente a favor de la candidatura de Balaguer. A final de cuentas, Bosch mantiene su candidatura y acaba por perder las elecciones frente al autodenominado «candidato de la paz».

Enfrentado a un dilema digno del Hamlet de Shakespeare, aunque en este caso con el verbo «estar» (es decir, participar en las elecciones), Bosch toma una decisión que sienta las bases para que Balaguer se entronice constitucionalmente en el poder y se convierta luego en la figura clave de la política dominicana. La pregunta que entonces viene a la mente es: ¿Por qué Bosch actuó así?.

Algunos de sus seguidores han dicho a posteriori, para justificar aquella decisión, y la subsiguiente derrota de su líder, que éste, aunque consciente de que perdería los comicios de 1966, prefirió participar en los mismos a fin de obtener la salida de los norteamericanos lo más rápidamente posible. De no haber tomado parte, añaden, la intervención extranjera se hubiera prolongado aún más. En otras palabras, al acudir a los comicios, el líder no se equivocó; simplemente, se sacrificó por el bien del país.

Esta explicación no pasa el examen de lógica más elemental. Si la intención de Bosch hubiese sido obtener una rápida evacuación de las tropas extranjeras, este objetivo hubiera podido lograrse sin tener que legitimar la victoria de Balaguer. Para ello habría bastado con actual de la manera siguiente: primero abstenerse de participar en aquellas elecciones (para no avalar el resultado de las mismas); luego temperar momentáneamente los ataques al nuevo gobierno, conteniéndolos dentro de proporciones relativamente moderadas para no dar pie a que las tropas extranjeras prolongasen su presencia en nuestro suelo; y una vez dichas tropas fuera del país, arremeter con brío, por medio de la movilización popular, en contra del gobierno salido de aquellas elecciones que la abstención de Bosch habría privado de legitimidad.

Más aún, en varias ocasiones, Bosch había afirmado en la época anterior a las elecciones que éstas «ofrecían una salida para Estados Unidos, pero no para el pueblo dominicano y que no existían condiciones para las mismas» (ver Bernardo Vega, «Cómo los americanos ayudaron a colocar a Balaguer en el poder en 1966, p. 250). En esas circunstancias, ¿no hubiera sido preferible mostrar a la faz del mundo, por medio de la abstención electoral, la incapacidad en la que supuestamente se encontraba Estados Unidos de propiciar o permitir elecciones justas y representativas en la República Dominicana?.

Cabe añadir que el aceptar cualquier precio político con tal de ver partir rápidamente tropas extranjeras de un país no es, de por sí, una prueba de patriotismo. Durante la ocupación militar norteamericana de 1916-1924, recordemos, los dominicanos que luchaban por la «pura y simple» rechazaron categóricamente varios planes estadounidenses de evacuación; y los rechazaron por juzgarlos contrarios al interés patrio. De haberse aceptado aquellos planes, tal vez las tropas norteamericanas hubieran abandonado nuestro suelo más temprano, pero en condiciones y con limitaciones a la soberanía nacional perjudiciales para el país.

No pretendo negar que Bosch haya decidido participar en aquellas elecciones pensando sinceramente que, al actuar así, facilitaría la salida de las tropas extranjeras. Afirmo por el contrario que si ése fue el caso, si Bosch pensó realmente de es forma, como dicen sus seguidores, se trató de un error político lamentable.

Y puesto que Bosch no era un improvisado ni un novicio en el quehacer político, sino que por el contrario había dado muestra de gran experiencia y sagacidad en esos menesteres, es necesario buscar otros móviles para explicar su decisión. Es eso precisamente lo que en nuestro próximo artículo intentaremos hacer, no sin antes desearles a nuestros amables lectores un feliz año 2006, en el que los sueños de justicia, probidad y prosperidad colectiva comiencen, al fin, a transformarse en realidad.