Teorías viejas con aplicaciones nuevas

Teorías viejas con aplicaciones nuevas

FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) difundió un comunicado, en mayo del año 2004, en el que vaticinaba un incremento rápido «en el número de emigrantes que cruzan las fronteras en busca de empleo y seguridad humana». El director general de la OIT, Juan Somavía, estimaba entonces que el fallo mayor de la globalización «es la incapacidad para generar empleos donde las personas viven».

Durante los años noventa la cantidad «de inmigrantes aumentó en seis millones anuales». En esa fecha alcanzaban un total de 175 millones «los desplazados de sus países de origen». Esta cifra equivale, según la OIT, «al quinto país más poblado del planeta».

La organización actual de la economía internacional tiene, entre otros defectos, el de «producir» emigrantes en una medida nunca antes conocida. Antiguamente las grandes emigraciones ocurrían a causa de guerras, epidemias no controladas, crisis económicas severas, trastornos climáticos prolongados. Cada cierto tiempo tenían lugar emigraciones importantes por dos razones: ansias de libertades políticas o esperanzas de lograr riqueza a corto plazo. Ahora no es así; no se trata de peregrinos que deseen libertad religiosa o de mineros dominados por «la fiebre del oro».

Son millares de hombres que sólo aspiran a tener un empleo estable, a comer en paz, a disfrutar de servicios médicos para sus familiares. Ya no sufrimos emigraciones cíclicas lentas; en nuestra época son torrenciales y continuas las emigraciones.

Representan una porción altísima de la «población activa de la economía mundial».

Todo esto viene a cuento por las recientes manifestaciones de emigrantes hispánicos en varias ciudades de los Estados Unidos.

Estos emigrantes envían gran parte del dinero que ganan a los países de donde proceden. En lo que atañe a las naciones de Centroamérica y del Caribe, las remesas significan entre el 9% y el 17% de sus productos internos brutos. El total de las remesas a esos países ha sido mayor durante muchos años- que el total de la inversión extranjera en dicha región. Los emigrantes que llegan primero a un país son recibidos amistosamente, despiertan apoyo y solidaridad de grupos religiosos y de «visitadores sociales». Pero más tarde la segunda oleada de emigrantes indocumentados es víctima de la «explotación laboral»; y la tercera ola de emigrantes puede suscitar desde el rechazo de los trabajadores del país anfitrión hasta una xenofobia general. En algunos lugares los gobiernos consideran que ciertos emigrantes son «inadaptables» a sus culturas, leyes, costumbres, estilos de vida.

Los legisladores de los Estados Unidos saben bien que determinadas áreas de su economía no pueden funcionar sin emigrantes. La población de origen hispánico residente en los EUA supera los cuarenta millones. Tienen ya un peso político electoral -y de opinión- que no podrá ser soslayado por los partidos políticos tradicionales. Los emigrantes indocumentados podrían ser unos quince millones; nadie puede saberlo a ciencia cierta. Si no se aprueba en esta oportunidad una ley para «regularizar» a los emigrantes sin papeles, será preciso aprobarla mas adelante. La perspectiva es que se haga realidad en los Estados Unidos una nueva versión del famoso Edicto de Caracalla. El emperador Caracalla, en el año 212 DC., otorgó la ciudadanía romana a los bárbaros o extranjeros que afluían desde los territorios pobres del Imperio más poderoso del mundo.

Las escandalosas noticias acerca de los emigrantes han «puesto de moda» a los historiadores de las culturas clásicas; y entre ellos destaca especialmente el ruso Miguel Rostovtzeff, autor de una obra excepcional: Historia social y económica del imperio romano. Este libro ha sido traducido a una docena de lenguas y es texto principal de estudio, o de consulta, en un montón de universidades. La primera edición inglesa es de 1926; la alemana apareció en 1931 y la italiana en 1933. Hay traducción española hecha por Espasa-Calpe, S. A., en 1962, que contiene las adiciones de todas las traducciones anteriores. Según Rostovtzeff, los pueblos germánicos que «cayeron» sobre la civilización romana a partir del siglo cuarto no estaban en condiciones de absorber una cultura desarrollada, un orden institucional y jurídico complejo y refinado. Los bárbaros que alcanzaron la nacionalidad romana en tiempos de Caracalla destruyeron desde dentro la civilización que los acogió. Esta tesis ha viajado, a través del tiempo y de las memorias académicas de otros teóricos generales de la historia, hasta desembocar en la terrible discusión que sacude hoy a los legisladores norteamericanos.

El profesor Samuel Huntington es actualmente el «abanderado» de los problemas culturales llamados «el reto hispánico» y el «choque de civilizaciones». Estos misterios académicos de la filosofía de la historia poseen un poder explosivo extraordinario: pueden acabar con las remesas de dólares y destruir nuestra precaria estabilidad macroeconómica.