Sully Saneaux – ¿Se hará cargo de Irak el binomio ONU-OTAN?

Sully Saneaux – ¿Se hará cargo de Irak el binomio ONU-OTAN?

Ya se ha dicho, y sigue siendo confirmado por los hechos de la geopolítica de nuestra época, que los Estados Unidos no solo proponen, sino que también disponen. De nada vale estar recurriendo a las referencias de antes de la caída del Muro de Berlín. Eso no quiere decir, en absoluto, que las cosas salgan de acuerdo como los norteamericanos, o para decirlo más apropiadamente, su gobierno, las esperan.

Por ejemplo, en Irak, mientras el presidente Bush declara que “un ejemplo de democracia está naciendo en el corazón mismo del Medio Oriente”, decenas de iraquíes y numerosos soldados de la coalición pagan con su vida ese “nacimiento”. De hecho, marzo del 2004 ha sido el mes más costoso en vidas humanas para las tropas extranjeras. Como resulta bastante complicado contar las víctimas civiles (¿quién las cuenta?), y de todas maneras no cuentan con la protección que tienen los militares, es de suponerse que su número es varias veces superior.

Las cosas se han complicado en los últimos días en el terreno iraquí, con la entrada en escena de un actor que pocos querían ver en el reparto, pero que gracias a cierta torpeza de la administración ocupante, ha logrado colarse. El sujeto en cuestión, Moqtada Sadr, hijo de un ayatollah muy respetado y asesinado por Saddam Hussein, necesitaba este tipo de confrontación, para hacer valer, por lo menos, sus ambiciones a un espacio político en el futuro Irak. Con todo y su ilustre ascendencia, para el londinense The Independent, el incontrolado Sadr, “Ha sido eclipsado por su superior clerical, infinitamente más culto –y sensato–, el ayatolá Ali Sistani”. El lío parece que lo armaron las autoridades ocupantes al prohibir un periódico que de todas maneras era poco leído y que es propiedad del levantisco individuo.

Con una especie de sublevación de la minoría sunita desde que llegaron a ese país, lo que menos precisaban los norteamericanos era que los chiítas, probables beneficiarios de la caída de la siniestra dictadura de Saddam, también le crearan problemas. Como en todos los conflictos de esa naturaleza, nada queda nunca claro y por supuesto, tampoco se sabrá “quien tiró primero”, en esta nueva fase del avispero iraquí.

Es en ese contexto, que se produce en Bruselas la ampliación de la OTAN, que integra a siete nuevos miembros, todos provenientes del antiguo bloque soviético-socialista y todos decididamente pro norteamericanos. Lo irónico del caso es que esa marcada tendencia a favor de Estados Unidos ya no se produce como oposición a la URSS (que ya no existe) o a remanentes del “socialismo real” (que ya solo quedan, como eso, remanentes, en Corea del Norte, Cuba, Vietnam y cada vez menos en China), sino en oposición a lo que para ciertos sectores del “establishement” político norteamericano, debe ser el nuevo “eje del mal”, es decir, Francia, Alemania y parece que en breve, España.

Al mismo tiempo, se aproximan las elecciones norteamericanas del 4 de noviembre en la que Bush “se juega la faja” y aunque los índices del empleo crecieron considerablemente en el mes de marzo (el mayor crecimiento desde el 2000), dando cierto margen de respiro al incumbente, el Irak tiende a ocupar una posición más protagónica en el cuadro general electoral.

Tal perspectiva obliga al huésped de la Casa Blanca a hacer ciertas concesiones en el plano internacional, a controlar los impulsos anti europeos de sus subalternos e incluso a presionar a la ONU, a través de la OTAN, para lograr una real participación internacional en el esfuerzo de reconstrucción del Irak, devastado por decenios de despotismo, de guerras y por una ocupación extranjera.

En efecto, los ahora 26 miembros de la organización militar europeo-norteamericana ya discuten la forma que tomará la participación de la OTAN en Irak. Esto era muy difícil que ocurriera hace un año atrás, pero la entrada de las ex repúblicas socialistas da un nuevo impulso a la diplomacia envolvente norteamericana. Esa tarea se facilita por una obvia voluntad de los europeos “malos” en establecer una mejor cooperación con los norteamericanos, contando con que “no hay mal que dure cien años” y que ese particular período terminará con las elecciones de noviembre en los Estados Unidos.

En otras palabras, los europeos en general, probablemente hasta el mismo Blair, preferirían el triunfo del ticket Demócrata, al considerar que una política de “prevención” no puede convertirse en una norma, sobre todo a la luz de la situación que se está viviendo en Irak y por extensión, por los resultados “colaterales” que se traducen en acciones terroristas en todas direcciones.

Pero el restablecimiento de la convivencia más o menos ideal, necesita de ciertos gestos europeos, que involuntariamente pueden ayudar a la actual administración norteamericana a “sacar las castañas del fuego”. De todas maneras, el gobierno de Bush parece estar en disposición de facilitar ese acercamiento, aunque sea mediante presión contra la “vieja” Europa, vía la “nueva” Europa.

Esa “nueva” Europa, cuyo pro norteamericanismo nace en el anti sovietismo, está incluso en la mejor disposición de aceptar la instalación de bases militares de Estados Unidos en su territorio, idea que al Pentágono le agrada bastante, ya que resulta mucho más barato tener esas bases en Rumania y Bulgaria, primeros candidatos, que en Alemania. De todas maneras, para rumanos y búlgaros es preferible tener bases militares extranjeras pagadas y no impuestas, como era en el pasado.

El caso es que si la OTAN decidiera finalmente involucrarse en Irak, eso abriría vía de presión a la ONU, ya que si Francia y Alemania terminan apoyando una participación de la OTAN en Irak, eso implicaría automáticamente el cese de la principal resistencia a la participación de la ONU en la tarea de “deshacer los entuertos” creados por la coalición anglo-americana allí donde dicen que “nace la democracia en el corazón del Medio Oriente”.