Sobre el cuerpo: frases cotidianas con fundamento científico

Sobre el cuerpo: frases cotidianas con fundamento científico

Cuando ciertas frases sobre la salud y el cuerpo empezaron a divulgarse, todo el mundo sabía por qué se decían, pero con el paso de los siglos, dejó de conocerse su sentido primero y se convirtieron en frases coloquiales. Hoy sabemos que no se dicen porque sí, sino que tienen detrás un fundamento científico.

[b]“SE ME PONE LA PIEL DE GALLINA”[/b]

Aunque la piel parece lisa, al mirarla al microscopio se aprecia una superficie llena de terminaciones nerviosas, pequeños vasos sanguíneos –los capilares–, raíces del vello y unos músculos diminutos llamados erectores del pelo, que tiran de la raíz del vello o bulbo piloso.

Cuando sentimos frío y a veces también con el miedo o la emoción, el cuerpo produce unas sustancias llamadas catecolaminas que provocan la contracción involuntaria de estos músculos y la modificación el eje de la raíz del pelo, que se coloca en posición perpendicular. Esto se asocia en imaginación popular a la piel de una gallina desplumada.

[b]“EL CORAZÓN EN UN PUÑO”[/b]

Es sólo una sensación, pero es real. A raíz de un susto, de un esfuerzo, de un episodio de miedo o de una emoción contenida, las glándulas suprarrenales vierten a la sangre algunas hormonas como las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). Ellas aumentan la amplitud, intensidad y frecuencia de las contracciones cardiacas. De tal forma, que el corazón bombea más sangre, pero al mismo tiempo se produce una vasoconstricción y las arterias encargadas de llevar la sangre a la cabeza se estrechan.

Así, se tiene la sensación de que el corazón queda como atrapado en medio del pecho y parece salirse de él o colocarse en la garganta.

[b]“SE ME ENCOGEN LOS TESTÍCULOS”[/b]

La mayoría de los hombres, ante una situación de peligro real o imaginario, notan que los testículos, el escroto y el pene se retrotraen. Según los biólogos, esta reacción se debe a un mecanismo antiguo de protección de la zona genital, una respuesta del sistema nervioso vegetativo frente a una posible agresión. El músculo cremastérico se contrae tirando de los testículos y de la piel del escroto hacia arriba.

[b]“ME TIEMBLAN LAS PIERNAS”[/b]

La responsable de los movimientos involuntarios de las piernas es la adrenalina, compuesto segregado por las glándulas suprarrenales y que pasa directamente a la circulación de la sangre. En el momento que actúa, la adrenalina causa hipertensión y vasodilatación en la circulación periférica y afecta los músculos lisos.

En pocos segundos, las arterias que irrigan los músculos de brazos y piernas se dilatan. Pero en lugar de dejarse llevar, la persona que sufre un susto suele intentar controlarse y quedarse quieta. Resultado: en las piernas se descarga toda la energía contenida y comienzan a temblar perceptiblemente.

[b]“SIENTO QUE LA CABEZA ME VA A ESTALLAR DE DOLOR”[/b]

En las crisis de migraña, la presión arterial que actúa sobre los vasos provoca su dilatación. Las venas y arterias que irrigan el cerebro esta vasodilatación e irritación. Cuando una cantidad de sangra a borbotón pasa por la zona irritada impulsada por el latido cardiaco, presiona aún más. El resultado es un dolor palpitante que recuerda a un mecanismo de relojería que acabará en el estallido interior de una bomba.

[b]“SE ME HACE LA BOCA AGUA”[/b]

Cuando una persona ve o huele alimentos, el sistema nervioso central estimula la salivación que facilita la digestión, lo que causa una sensación de tener agua en la boca. Cuando tenemos una sensación de placer, es decir, cuando los alimentos en cuestión nos gustan, es mayor la salivación que cuando no nos apetecen.

En el cerebro se encuentra el área del apetito, próxima a los centros parasimpáticos del hipotálamo anterior. Esta área del apetito funciona respondiendo a las señales procedentes del área del gusto y el olfato de la corteza cerebral y la amígdala.

[b]“SE QUEDO CON LA BOCA ABIERTA”[/b]

El asombro provoca este gesto involuntario, que se produce por la relajación momentánea de la musculatura de la mandíbula en respuesta a una reacción emocional. Y no hace falta que se produzca una gran sorpresa, el simple hecho de dirigir la atención a un punto o concentrarse en algo causa la reacción innata de abrir la boca.

[b]“TIENE LOS OJOS INYECTADOS EN SANGRE”[/b]

La cólera y el enojo son responsables de una vasodilatación general que puede alcanzar a los capilares del ojo que están en torno al iris. Tal vez se trate de un resto evolutivo, que podía servir para asustar a los posibles atacantes mediante el enrojecimiento de los ojos.