Sindulfo Benavides, servil y criminal

Sindulfo Benavides, servil y criminal

Este personaje muchas veces le sirvió a la Policía Municipal que “batuteaba” el señor Juan Pou. Era cuando se decía: “Se acorta la vida de pavos, gallinas y patos si se meten en parranda los de la 44”. Sindulfo conocía a todos los ladrones de apetitosas aves. Pero sin duda que él era un sujeto de perversas inclinaciones. Por ejemplo, un buen hombre que vendía zapatos en la calle del Conde, le tendía la diestra para sacarlo de apuros. No obstante eso, el perverso Sindulfo, dizque por serios aprietos, le solicitó un préstamo, dejándole como garantía una cajita contentiva de dos revólveres. Se trataba de un “gancho”. Viéndose el vendedor de zapatos acusado de tenencia de armas sin permiso. Acusado y detenido, por culpa de Sindulfo. El perverso auxiliar de la Policía, empezó a transitar por los torcidos vericuetos del “caliesaje”. Se convirtió en hombre “útil” y fue asimilado a la guardia del “Jefe”. Sindulfo tuvo sus especialidades en las truculentas milicias.

El sujeto muchas veces vestido de paisano, era infiltrado entre las multitudes. Siempre con ojos de lince y orejas de elefante. Esto así para ver mucho y escucharlo todo.

Entre las multitudes congregadas para aplaudir y echar vivas al insigne “Jefe”, ahí se colaba Sindulfo. La más brillante oportunidad para que se “jodiera” le llegó cuando se presentó la fiesta de inauguración del puente colgante Ramfis, sobre el río Higuamo en San Pedro de Macorís.

Para esa fiesta de inauguración del puente colgante más largo de Las Antillas, fueron transportadas camionadas de fieles adeptos del partido de la palma real. Y como el diablo tienta, pellizca y empuja, entre la multitud se encontraban una vivaracha y parlanchina viejita y cerca de ella estaba un joven de Puerto Rico de apellidos Colón Piris, que había venido a vacacionar a San Pedro de Macorís.

La inauguración según el programa preparado estaba fijada para las diez de la mañana. El “Jefe” iba a estar presente. Ese hombre tenía fama de puntual; pero ese día se había retrasado, ya eran las diez y treinta de la mañana y el hombre no había hecho acto de presencia. La viejita ya citada, se impacientó y manifestó su asombro, azoro y preocupación, porque un hombre famoso como el “Jefe” en eso de ser puntual. Eso tenía a la viejita bastante preocupada. Entonces quejumbrosa manifestó su devota preocupación. Ahí fue cuando el diablo dio algunos coletazos, levantando polvos infernales y asfixiantes. El joven boricua Colón Piris quiso consolar a la viejita o talvez pretendió burlarse de ella, diciéndole: “Mamita mía, no se apure tanto, que el “Jefe” no ha llegado porque viene en burro”. Sindulfo que estaba atento a lo que se decía, agarró al joven puertorriqueño por un brazo y se adentró en las malezas de la cercana orilla del río. Y oh tragedia! Se le fue la mano. Sindulfo mató a Colón Piris. De Puerto Rico hubo reclamaciones y Trujillo “compadecido” de la familia del joven le dio diez mil dólares. Y a Sindulfo Benavides y Minaya lo mandaron para “el patio de los callados”.