Síndrome de Piernas Inquietas

Síndrome de Piernas Inquietas

No puede conciliar el sueño por las noches debido a la necesidad imperiosa de mover las piernas, acompañada o causada por sensaciones molestas y desagradables de ardor, escalofríos, picores, hormigueo o golpeteo?

¿Estos problemas comienzan o se empeoran, en los momentos de reposo o inactividad?

¿Estos síntomas tan molestos se alivian, en parte o del todo, cuando se pone en movimiento, por ejemplo al andar o estirarse? ¿Sus molestias son peores por la tarde o la noche que durante el día, y a veces sólo se presentan en las últimas horas de la jornada?

Trastorno neurológico

Si es así usted puede estar padeciendo una patología que le reduce la calidad del sueño e incluso la de su propia existencia: el Síndrome de Piernas Inquietas o SPI. Este mal lo desconocen ocho de cada diez personas que lo padecen.

 Es un trastorno neurológico del movimiento, potencialmente debilitante,  que afecta entre  el 5 y  10 por ciento de la población y que, al influir negativamente en el descanso de quienes lo padecen, altera su vida tanto familiar como laboral. 

El 3 por ciento de la población sufre un SPI con síntomas de moderado a severo, de dos a tres veces por semana. Son los más proclives a buscar consejo médico, dado el profundo impacto que la enfermedad tiene en su calidad de vida.

La privación crónica del sueño que sufren los pacientes con SPI puede afectar de modo negativo a la capacidad de concentración y de trabajo, así como a la capacidad para conducir, tomar parte en actividades sociales o de disfrutar del tiempo libre.

Una patología invisible

Aunque no se conoce la causa del síndrome, hay indicios de que puede estar relacionado con alteraciones a nivel cerebral de la dopamina, una sustancia del sistema nervioso central. 

La inmensa mayoría de los afectados no saben de su padecimiento ya que sus síntomas suelen atribuirse,  por error a problemas de circulación, enfermedades reumáticas, calambres musculares, nerviosismo o, incluso al envejecimiento.

El SPI es, por tanto,  una enfermedad frecuente. Según el estudio REST, el mayor y más amplio realizado en cinco países europeos y Estados Unidos sobre el SPI, entre el 10 y el 15 por ciento de la población padece el síndrome y a menudo no son diagnosticados correctamente.

Sólo en España, donde según las estadísticas lo padece un 10 por ciento, más del 80 por ciento de los afectados está sin diagnosticar, y por tanto sin recibir tratamiento.

«El SPI se ha descrito hace poco porque no se conocía que sucedía con las personas que tenían esta sensación extraña de inquietud. Los dos síntomas esenciales para describirlo son una sensación de desasosiego en las piernas y la mejora o alivio de esa inquietud cuando se dan unos pasos», explica el doctor Eduardo Estivill, de la Unidad del Sueño de la Clínica Dexeus, de Barcelona.

El SPI puede aparecer en cualquier momento de la vida, si bien lo más habitual es que se inicie entre los 40 y 50 años. Al principio, suele manifestarse de manera episódica, y va aumentando su severidad y frecuencia con el tiempo, hasta presentarse prácticamente a diario.

Su diagnóstico es clínico, sencillo de realizar y se efectúa en base a preguntas que reflejen los criterios esenciales de la enfermedad.

La raíz del Síndrome de las Piernas Inquietas está en los genes

Durante el embarazo, particularmente durante los últimos meses, hasta el 15 por ciento de las mujeres desarrollan el SPI, pero tras el parto, a menudo los síntomas desaparecen. La anemia ferropénica está asociada también al SPI, al igual que las enfermedades crónicas,  tales como la neuropatía periférica y la  insuficiencia renal.

Estudios recientes también sugieren  una asociación entre el SPI y el síndrome de déficit de atención e hiperactividad.

Según el doctor García-Borreguero «el SPI se trasmite en familias por mecanismos genéticos: el 66 por ciento de los pacientes con SPI tiene al menos un hermano, padre o hijo afectado. Para las personas que tienen un familiar de primer grado con SPI, el riesgo de desarrollar la enfermedad es de 1.5 a 2 veces superior».

«El único alivio para quienes padecemos el síndrome es mover las piernas, lo cual provoca alteraciones del sueño que derivan en insomnio. No podemos concentrarnos en ninguna actividad y necesitamos mover las piernas y andar muchas veces, aún cuando nuestro cuerpo nos pida descansar», señala Arturo Avilés, presidente de la Asociación de Pacientes con Síndrome de Piernas Inquietas, AESPI.

«Hay casos graves de pacientes que se han quedado dormidos de pie, pues no pueden dormir o están continuamente moviéndose y no descansan nunca», explica el doctor Estivill.

«Al dormir, los afectados pasan de una fase de sueño lento profundo a una fase de sueño más ligero e incluso se despiertan, lo que hace que el sueño se vea interrumpido y al día siguiente estén cansados porque no se han recuperado», señala la doctora Francesca Cañellas, de la Unidad del Sueño de la Clínica Palmaplanas de Palma de Mallorca.

«Menos del 1 por ciento de los pacientes con SPI recibe un tratamiento adecuado», explica el Dr. García-Borreguero.

La forma de tratar el síndrome, en primera elección, son las sustancias de tipo dopaminérgico, que permiten controlar el trastorno y aumentar los periodos y la calidad del sueño.

Uno de los fármacos más estudiados, es el Ropirinol, eficaz para las molestias subjetivas en las piernas y las anomalías motoras, al cual responden bien entre el 60 y 80 por ciento de los pacientes.

Otras fármacos alternativos son los anticonvulsivantes, efectivos en pacientes con síntomas marcados durante el día, y los sedantes, que alivian los síntomas del SPI durante la noche. Los analgésicos se utilizan en los pacientes con síntomas de inquietud graves.  

Asimismo, llevar un estilo de vida saludable, eliminar las sustancias que producen los síntomas como el café, té y refrescos excitantes, tomar suplementos de vitamina B y minerales como el hierro, magnesio, potasio, y calcio, son medias que mejoran la  enfermedad, al igual que realizar actividades autodirigidas, como caminar, estirarse, y tomar baños alternando los  fríos con los calientes.

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