Síndrome de la
corrudependencia

Síndrome de la <BR>corrudependencia

En vestimenta, la virilidad se asocia al pantalón. Que se apriete los pantalones, se necesitan hombres con pantalones, son expresiones que señalan la necesidad de acción, y el simbolismo de vigores el pantalón.

Desde hace tiempo las mujeres usan pantalones, sin embargo, la determinación y la  acción siguen vinculándose con la masculinidad.

En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff ha demostrado capacidad de apretarse los pantalones o la falda para combatir la corrupción.

Los escándalos vienen desde el gobierno de Lula, pero a pesar de su viril popularidad, el ex presidente brasileño sorteó las denuncias de corrupción sin tomar grandes medidas de corrección. No así Dilma Rousseff.

Para mostrar su compromiso con la institucionalidad, la Presidenta de Brasil decidió deshacerse de altos funcionarios vinculados a actos de corrupción.Entre los despedidos está el titular del Ministerio de Transporte del aliado Partido de la República (PR). En revancha, el PR retiró el apoyo al gobierno de Dilma en el congreso.

En Brasil, el sistema de partidos es muy fragmentado y toda fuerza política necesita coaliciones para ganar y gobernar. A Rousseff, sin embargo, no parece temblarle el pulso para enfrentar aún a sus colaboradores. Ella cifra el éxito de su liderazgo y gestión en el combate a la corrupción, tarea que no emprendió ni siquiera su popular antecesor.

En República Dominicana, un altísimo porcentaje de la población piensa que la corrupción es un grave problema y abundan las denuncias periodísticas de uso y abuso de los recursos públicos. Pero a diferencia de Brasil, ni el presidente Leonel Fernández ni ningún antecesor, ha tomado medidas contundentes contra la corrupción.

Por el contrario, la corrupción dominicana se expande en cada gobierno. Cada cúpula de partido busca enriquecerse junto a sus colaboradores, y cada vez son mayores las aspiraciones de riqueza. Además, los que se beneficiaron en el pasado, quieren seguir degustando cuando salen del poder como sucede con el PRSC.

Cuando Joaquín Balaguer gobernaba, sólo los reformistas se beneficiaban. Eran verdaderos comesolos. La llegada del PRD al poder permitió la incorporación de nuevos grupos a la corrudependencia, y otro tanto sucedió con el ascenso del PLD. Ante tanta rentabilidad, los partidos pequeños se unieron al carnaval de despojo del erario.

En la República Dominicana de hoy, para recibir un beneficio público hay que ser muy pobre y calificar para una tarjeta de solidaridad de miserable transferencia, o hay que enrolarse a un partido y llegar a ser funcionario para manejar recursos ajenos como si fueran propios.

Con tantos partidos y corrudependientes, el gobierno dominicano está desprovisto de recursos para invertir racionalmente en el bienestar de toda la población. Por eso nunca hay dinero suficiente para la salud ni la educación.

Muchos recursos se destinan a pagar salarios de un personal gubernamental abultado, innecesario y muchas veces incapacitado para desempeñar las funciones burocráticas. Otros recursos se emplean en obras públicas donde se despilfarran para enriquecer a contratistas seguidores del gobierno de turno.

Los gobiernos dominicanos siempre se han cobijado en el argumento de que la corrupción es un mal mundial y que siempre ha habido en República Dominicana. Con este pretexto, el PLD abandonó los principios del virtuoso boschismo y adoptó el credo de la mordida del balaguerismo.

En la actual coalición gobernante dominicana hay muchos partidos y todavía ningún alto funcionario ha sido sometido por corrupción, a pesar de tantos escándalos y denuncias periodísticas.

¿Es República Dominicana el edén de la honestidad o el paraíso de la impunidad?

¿Quién se apretará los pantalones o la falda para liberar al Estado Dominicano del funesto síndrome de la corrudependencia?