Sin credibilidad no hay democracia

Sin credibilidad no hay democracia

La reputación se vuelve una marca, ganarla requiere de coherencia, constancia y una práctica donde las palabras están tan unidas a los hechos como la hiedra a la pared. Ganar la confianza es un largo proceso de acciones ajustadas a los valores, pero esta se pierde muy fácil, con cualquier error por pequeño que sea.
Mentir y tratar de tapar la mentira con otra hace vulnerable al que la práctica. Esta apreciación no solo se relaciona con la conducta de las personas, también con productos y marcas del mercado, todas dirigidas a los ciudadanos.
La cultura del engaño al parecer está en el ADN de los humanos, pero muy resaltada en los dominicanos, a tal grado que la reputación de las instituciones públicas y privadas, y ni qué decir de personas, ha generado parte de la crisis política que vivimos y que han sido los jóvenes los que se han levantado con la consigna de no más mentiras, no más engaños.
Los muchachos que fueron a votar por primera vez el 16 de febrero se enteraron a media mañana que el certamen electoral había sido suspendido; se les explicó que eso nunca había pasado, pero ellos sintieron que les quitaron las elecciones, y que debe ser castigado el culpable de lo que pasó con el sistema automatizado en el que ellos, por ser de la generación de la era del conocimiento, lo consideraban seguro y confiable.
La frustración no pudo ser peor y fueron a desahogar su rabia en un lugar tan simbólico como La Plaza de la Bandera. El lunes 17 una joven conocida subió un video a uno de los grupos de WhatsApp de los que formó parte; cuando vi la fisonomía de los que estaban en la plaza pensé que eso no era aquí; y aunque en las imágenes del video se veía el edificio de la Junta Central Electoral, me resistía a creer que era en la capital.
La joven me dijo que estaban frente a la Junta Central Electoral porque es el organismo que tiene que explicarle a la población las razones por las que suspendieron el proceso y de no hacerlo debían renunciar todos sus integrantes.
Al día siguiente, martes 18, el grupo aumentó; ese día fueron lanzadas tres bombas lacrimógenas, lo que provocó que el miércoles 19 la plaza se llenara y se sumaran los jóvenes de Santiago. Al día siguiente, el jueves 20, se incorporaron en la mayoría de las ciudades del país, el vienes 21 se unieron desde todas las viviendas los cacerolazos.
En medio de todo esto se está llamando al diálogo, pero ha sido muy difícil encontrar interlocutores válidos, creíbles y sobre todo serios.
Siempre escucho el término “imparcial y serio”. No creo en la imparcialidad, pero si en la seriedad, si usted es serio y se respeta, así mismo nadie le dará gato por liebre; si usted es serio, estará siempre del lado de la verdad y del justo, cueste lo que cueste, y así es que se gana la credibilidad y la buena reputación.
Si se es serio, la gente cree en sus palabras y la palabra no puede ser empeñada porque ahí se cae cualquier monumento que se construya como una muralla para preservar la dignidad de las personas y de las instituciones.
El diálogo franco en busca de una solución a la crisis debe estar revestido de la mayor sinceridad; los acuerdos a los que se arriben deben estar respaldados por la mayor confianza, y en los mismos debe quedar claro quién fue el culpable del fracaso de las elecciones.