Silvio,  desde otra óptica

Silvio,  desde otra óptica

POR ROSSINA GUERRERO HEREDIA
La noche del lunes acudimos a ver a Silvio con la misma euforia de años atrás; una multitud de jóvenes junto a otros no tan jóvenes aclamábamos su salida. “Viva Silvio, el pueblo está contigo”. Las luces se oscurecieron para ponerse más a tono con lo que prometía ser una noche inolvidable.  

  Entre acordes y brumas logramos ver la figura de Silvio, que ya nada tenía que ver con la archivada en nuestra memoria. Aquél joven delgado de cara melancólica, no era el Silvio que hoy teníamos en escena, y es, que “el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos” como decía el otro poeta.  Esa noche pudimos presenciar al cantautor, el mismo, el de siempre, que no necesita apellidos por haber logrado trascender su propia humanidad.

  Sentadas allí escuchando sus canciones con mensajes revolucionarios¨: “Unicornio”, “Días y Flores”, “Playa Girón”, “¡Ojalá! pensamos, !Ojalá se pudiera detener el tiempo! El estadio Quisqueya era cómplice de una multitud que vociferaba ¡Viva Cuba!, ¡viva Cuba socialista! ¡viva la Revolución! Con el tronar de las consignas oídas en nuestra infancia y casi olvidadas, empezamos a sentir la emoción que sólo los buenos recuerdos nos hacen sentir.

  Entre imágenes de Gandhi, John Lennon, Che Guevara y hasta Chávez, por unas horas creímos que aquella  era nuestra Revolución.

Escuchando al cantante de lo que no pudo ser y nunca será, nunca mejor dicho como en el nombre de su último disco “Erase que no era”, y rodeadas por todos aquellos que lucharon por sus ideales y perdieron padres, hijos, esposos y hermanos, por un instante, sólo por un instante, sentimos que el tiempo no había pasado.            

Silvio logró que el público una vez más le expresa su admiración y respeto.