Sensatez económica y despilfarro

Sensatez económica y despilfarro

Pese a que las autoridades nacionales han expresado su interés en mantener un acuerdo de monitoreo con el FMI, los oficiales de este organismo todavía no conocen de la intención dominicana de mantenerse en el redil ajustado de los gastos, que tan buenos resultados proporcionará al país desde el 2004 hasta el 2007, en momentos en que estos nuevamente se han disparado por la alegre diarrea de nombramientos para abultar desmesuradamente la nómina de las dependencias oficiales.

Ya no se trata de las nominillas reeleccionistas de los primeros cinco meses del año; ahora se trata de nominotas a la franca con cargo al presupuesto de la Nación que pese haberse aprobado el adicional de los $31 mil millones, parece que el mismo resultará deficitario por el apuro y urgencia existente de complacer a todos los que se convirtieron en afanados y fervientes activistas de la reelección triunfante el pasado 16 de mayo y se han visto premiados con un cargo público.

Con ese alegre dispendio oficial es imposible ajustar la economía y evitar un descalabro previsible, en que las autoridades monetarias han estado combatiendo y evitando para lidiar con medidas que están aplicando, muy criticadas en estos momentos, pero que al final se verá lo conveniente de la misma como ha sido la criticada alza de las tasas de interés y la nerviosa elevación de la tasa de cambio para deleite de los empresarios turísticos y exportadores.

Transcurridas tres semanas de la tercera juramentación del presidente Fernández y bajo la amenaza internacional de los altos precios del petróleo y de los alimentos, políticamente se ha preferido abrir las  compuertas del gasto corriente con más empleados por la presencia de viejos y nuevos incumbentes en los cargos que tratan de complacer a sus simpatizantes y amigos, de manera que no hay posibilidades del ajuste de austeridad tan esencial para ofrecer una confiable imagen de sensatez en el manejo económico. Esta nueva conducta oficial ha espantado al capital extranjero a la espera de que el gobierno recupere la cordura similar a la de su anterior período.

Establecer un programa de austeridad en consonancia con las medidas monetarias establecidas por el Banco Central sería muy cuesta arriba al gobierno, obnubilado por complacer a sus adherentes, y que sin pensar el daño que está ocurriendo en contra del presupuesto de la Nación, provocaría una seria desestabilización que alteraría la buena marcha del país y a la vez tiraría por tierra los ambiciosos planes que el presidente anunciara en su vasto programa de obras esbozado el pasado 16 de agosto.

Es importante devolverle tranquilidad al país. No será con aumentos de la nómina oficial, acción simpática para  muchos, sino sostener una actitud similar a lo que ocurrió en el 2004 cuando la admiración nacional y extranjera se concentró en las acciones que un grupo de hombres y mujeres establecieron para frenar el colapso que iba en aumento de los desaciertos que se habían iniciado en agosto del 2000.