Seis meses de plazo

Seis meses de plazo

La realidad es que antes de terminar el 2014, hay que aumentar los impuestos, porque de seguir aumentando el presupuesto año tras año, dependiendo del endeudamiento, la macroeconomía se tornará sumamente volátil e incierta. Aquí, mientras el PIB crece las recaudaciones bajan. Inaudito.

El reto es cómo aumentar esos ingresos internos mediante un pacto fiscal. Se argumenta que para incrementar las recaudaciones con más justicia hay que revertir la tendencia que recarga todo el peso en los impuestos indirectos, haciendo más regresivo el sistema tributario.

Pero aquí se evade demasiado el ISR y de aumentarlo se evadirá mucho más. Combatir esa evasión solo es posible reduciendo el ISR a un máximo de 20%, lo que desmotiva la evasión y aumenta automáticamente las recaudaciones.

Por otra parte, la mayoría de los negocios operan en la informalidad y las Mypimes formales apenas se sienten, por lo que el grueso del ISR recae en muy pocas empresas.

Pero hay un reto mayor y es cómo desmontar ciertas exenciones poco rentables a sectores estratégicos de la economía. Si la mala calidad del gasto del Gobierno sigue su curso, entonces no hay razón para cuestionar esos incentivos tributarios. Solo si ambos (Gobierno y sector empresarial) se ponen de acuerdo para lidiar y resolver ese dilema, es posible alcanzar el famoso pacto fiscal, aunque las metas se fijen a mediano plazo.

El obstáculo sigue siendo el andamiaje clientelista que es sustentado por el presupuesto de la nación, el cual tiene una alta rentabilidad política para al partido gobernante.

Por eso, es casi imposible lograr un pacto fiscal, por lo que de nuevo caeremos en otra reforma al estilo tradicional, manteniendo exenciones absurdas y dispendios en el gasto público que son aberrantes y monstruosos.

Ahora bien, esa reforma recaerá necesariamente en el impuesto que menos se evade, el más efectivo en términos de recaudación y donde hay mejores controles, que es el ITBIs. Y aquí entramos en un campo socialmente sensible.

No olvidemos que esas exenciones al ITBIs que disfrutan muchos bienes básicos de consumo, las disfrutan también los ricos y la clase media alta que son los que más consumen. Lo ideal es que todos los bienes de consumo básico paguen ITBIs en cada rincón del país, comenzando con un 5% a los exentos y en cuatro años unificarlos todos en un 13% o 14%. Nada exento.

¿Cómo compensar a los más pobres que tendrán que pagar ITBIs sobre esos bienes? Con programas masivos de ventas populares de unos cinco alimentos básico en los barrios y comunidades pobres del país. Estos serían arroz, pollo, plátano, habichuelas y huevos, vendidos a un precio por debajo del que ahora existe sin ITBIs.

El otro impuesto que ha frenado a un sector muy dinámico de la economía es el IPI (Impuesto a la Propiedad Inmobiliaria), que ahora se cobra sobre el valor total de los activos inmobiliarios.

Lo que mantiene esta economía son el turismo, las zonas francas y las remesas y todas ellas, de alguna manera, están vinculadas a la inversión en bienes raíces. Y esa nueva disposición sobre el IPI está frenando la expansión del sector de la construcción y las ventas de miles de propiedades disponibles a nivel nacional, afectando los ingresos tributarios.

En fin, en seis meses, Gobierno y sector privado tendrán que ponerse de acuerdo sobre el particular, porque de lo contrario nadie apostará a los bonos soberanos dominicanos partiendo de una presión tributaria que podría caer a un 12% o menos en el 2016. Ese es el resultado cuando una economía crece con anemia crónica.