¿Se creerá candidato a Príncipe o Arzobispo?

¿Se creerá candidato a Príncipe o Arzobispo?

Algunos de los habituales sospechosos han salido lanza en ristre a batirse con cualquiera que sume su voz al clamor popular que pide el cese de la aberración política y administrativa denominada barrilito.

“Barrilito” es el nombre dado a la asignación presupuestaria que otorga mensualmente a cada senador una proporción de casi veinte millones de pesos, para que cada uno la gaste según mejor le plazca dizque para satisfacer necesidades de sus electores.

El apelativo deriva de la costumbre criolla de dar sueldos en el gobierno sin que deba trabajarse para cobrarlo, lo cual se denomina “botella”. ¡A los mortales les dan botellas, a los senadores “barrilitos”!

El mero nombre de la “facilidad” la descalifica. Más que un botellón, es un “barrilito”, ¡de por Dios! He leído y oído ayer cómo algunos periodistas, de esos prestos a la defensa interesada de cuanta vagabundería les toque cerca, han armado una coraza de excusas para justificar el “barrilito”. Desde argüir que atacarlo es una maniobra electorera en la que combinan esfuerzos perredeístas y voceros de la sociedad civil, hasta justificarlo explicando que el origen del barrilito fue sustituir las asignaciones presupuestales a “fundaciones” y ONG propiedad de legisladores, la desbordada creatividad de los apologistas del tonelito es apabullante. Cualquier se intimida y ni piensa en el asunto.

A mi lo que más me ha indignado es el contraste entre la imagen “ejemplar” y “moralista” que quiere vender el presidente del Senado, Reinaldo Pared, en unos anuncios para televisión en que parece candidato a príncipe ó arzobispo, y su ríspida respuesta a un reportero que le preguntó su opinión sobre el “barrilito”, que a él mismo le representa más millones mensuales que a ningún otro senador. Reinaldo declaró que el debate estaba “cerrado” e increpó al periodista llamándole “irrespetuoso”. ¡Recórcholis, qué mala sangre!

Pues el debate no está cerrado, y mucho menos por Reinaldo, quien está en su justo centro como parte principal y por tanto no puede ser juez de sí mismo. Lo irrespetuoso es “quillarse” con un simple reportero que cumple su trabajo de preguntar sobre una noticia legítima.

Esa soberbia, esa intolerancia, habla más sobre la esencia de ciertos candidatos que toda la cara publicidad que puedan gastarse. El debate sigue abierto (tal editorializa El Caribe ayer) y aunque re-elijan a Reinaldo, el barrilito es una vagabundería.