Ruidos innecesarios

Ruidos innecesarios

ANTONIO PEÑA MIRABAL
Lo menos que un presidente-candidato necesita para salir airoso en un proceso electoral, es que sus funcionarios se dediquen a crear ruidos innecesarios que dificulten la consolidación de dicha candidatura. Cuando un Presidente decide someterse a prueba frente al electorado, son muchos los factores externos que se le vienen encima, por lo que no es grato que desde el propio gobierno que dirige, por malos manejos de funcionarios, se produzcan hechos que indispongan a la población y sectores que determinan en la opinión pública.

Cuando se está en busca de votos hay que tratar de evitar los ruidos, porque quienes de ellos se benefician son los adversarios.

En el Gobierno hay dos altos funcionarios, por demás altos dirigentes del PLD, se llevan la medalla de oro en la creación de ruidos: el secretario de Interior y Policía, doctor Franklin Almeyda Rancier, y el secretario de Turismo, licenciado Félix Jiménez (Felucho). El primero se ha pasado los tres años del gobierno del doctor Fernández chocando con todo el mundo, muy especialmente con los jefes de la Policía Nacional, a los que ha desautorizado en ocasiones y ha hecho saltar del puesto después. El segundo, de acuerdo a organizaciones de la sociedad civil que velan por el destino de las áreas protegidas del país, utiliza su función en el gobierno para provecho personal, en franca violación a lo que dispone el artículo 102 de la Constitución dominicana, razón por la cual fue interpelado recientemente en la Cámara de Diputados.

Cuando ha pasado el tiempo suficiente para recuperar la cohesión interna que necesita el PLD para presentarse ante el electorado con el mayor consenso interno posible alrededor de su candidato, Franklin se destapa con unas declaraciones, en las que trata de denigrar la figura política del licenciado Danilo Medina, contendor del presidente Fernández en las primarias peledeístas. Afirmaba en esa ocasión el secretario de Interior y Policía que Danilo no era necesario para el triunfo del presidente Fernández en las elecciones venideras, y que por tanto si se integraba o no a la campaña, eso en nada determinaría el éxito de la misma. Esto puede ser verdad o no, depende del cristal con que se mire, pero lo que sí perturba la candidatura del presidente Fernández, es que se siga presentando a la opinión pública la falsa percepción de que los conflictos internos del PLD surgidos a raíz de su primaria, perduran a cuatro meses de su desarrollo y a ocho meses de las elecciones presidenciales.

Otro ruido innecesario levantado por el secretario de Interior y Policía, es el que recientemente produjo cuando en una franca actuación propia de Hipólito, y no de un alto integrante de la dirección peledeísta, descarta a Participación Ciudadana como observadora de los próximos comicios presidenciales. La intolerancia frente a los cuestionamientos de esta organización de la sociedad civil, lo único que produce es indignación y desconcierto en sectores de la población, que también votan, caracterizados por la cantidad y calidad de opinión pública que crean en los medios. Al PLD no le luce estar descalificando organizaciones de la sociedad civil, mucho menos a dirigentes que tienen grandes responsabilidades en la campaña que deberá llevar nuevamente al doctor Leonel Fernández a colocarse en su pecho la banda tricolor.

Por su lado, Felucho ha sido menos beligerante, y quizás sus ruidos tengan justificación en la medida que los mismos han sido creados en la defensa de su integridad moral, profesional y de funcionario público. Si ha utilizado o no su función de secretario de Estado de Turismo para beneficiarse en lo personal, eso tendrá él que aclararlo en su debido momento. Lo que no es correcto para la candidatura del doctor Fernández y del PLD es que este funcionario esté sometiendo a la Justicia todo periodista que utilice estos argumentos con fines de propaganda política. Las bocinas opositoras insertadas en distintos medios del país, tienen el mismo tiempo que tiene el gobierno, enfrentando al presidente Fernández con mentiras y verdades retorcidas, y ninguna de ellas han provocado detenciones de periodistas, mucho menos sometimientos a la Justicia de parte del presidente Fernández. Y no es que no le preocupen al Presidente los exabruptos de sus opositores mediáticos; es que en un gobierno democrático eso de estar sometiendo y persiguiendo periodistas por sus cuestionamientos, son cosas del pasado, y lo único que reflejan ante la sociedad es prepotencia y arrogancia, cualidades indeseadas cuando se están buscando votos en la población.