Responsabilidades

Responsabilidades

Los dominicanos, y sobre todo quienes tienen posiciones de liderazgo, de autoridad, estamos obligados a emplearnos a fondo para que en el 2004, que ya está «al doblar de la esquina», podamos armonizar nuestras palabras con las acciones y éstas últimas con las metas que nos hayamos trazado.

El punto de partida al asumir esta tarea debe ser una autocrítica sincera y con vocación correctiva, para admitir que de alguna forma hemos actuado como autores, cómplices

o gente que dejó hacer y pasar para dar lugar a muchas de las calamidades que padecemos.

Admitamos, por ejemplo, que alguna responsabilidad tenemos en el descalabro del sistema energético, que no es de ahora, pero que entró en una faceta nueva desde el momento de la llamada capitalización. Admitamos que la capitalización fue una mala medicina, con efectos secundarios tan perniciosos como la enfermedad de los apagones que existían desde antes de ese proceso. Admitamos que una de nuestras grandes culpas ha sido la predilección por la energía barata, y mejor aún, gratuita.

Admitamos, también, que por esta predilección no fuimos capaces de reclamar soluciones adecuadas en el momento oportuno.

En ese mismo ámbito -el energético- nos hemos hecho de la vista gorda ante las consecuencias -sobre todo financieras- derivadas de la estatización de Edenorte/Edesur y que ha agravado el denominado hoyo financiero rersultante del descalabro de uno de los grandes bancos. Por cierto que en nuestro mea culpa debemos incluir el hecho de que no exigimos al Gobierno demostraciones que establecieran que decía la verdad cuando negaba que existieran problemas en algunos bancos.

[b]-II-[/b]

Ahora, repitiendo el estilo que ha caracterizado otras acciones -como, por ejermplo, la compra de Edenorte/Edesur- se está actuando para tratar de contener la tendencia alcista del dólar, recurriendo en veces a la fuerza. ¿No estaremos, acaso, ante otro yerro que, según parece, está fomentando un mercado negro de divisas con todas las consecuencias que ello acarrearía? ¿Hemos requerido que alguien explique por qué la tendencia bajista en la cotización del dólar para la compra, pero la moneda no aparece para la venta? ¿Quién ha dado pruebas de que al país entran realmente cantidades suficientes de dólares para cubrir nuestras necesidades?

Por todo lo anterior y muchas otras cosas, es inocultable que necesitamos trabajar para que todos nuestros actos tengan una vocación realista, un efecto predecible que no esté supeditado a las sorpresas que se derivan del inmediatismo, de los remedios coyunturales y cosméticos que tanto daño han acarreado a este país.

A este paciente que llamamos país lo hemos estado tratando con placebos y calmantes, buscando la fiebre en las sábanas y rehuyendo la responsabilidad de someterlo a la cirugía que necesita para aliviar sus males.

En el año que está «a la vuelta de la esquina», por razones políticas, muchos de nuestros problemas podrían agravarse y de lo que ocurra seremos responsables todos, unos por comisión, otros por complicidades muy comprometidas y unos terceros por omisión. Como las consecuencias nos afectan a todos, sintámonos en el deber de hacer la parte que nos corresponde y de exigir con precisión y claridad que el Gobierno haga también su parte.