República Dominicana 2030, del dicho al hecho

República Dominicana 2030, del dicho al hecho

ROSARIO ESPINAL
rosares@hotmail.com
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) ha dicho lo que hay que hacer para alcanzar el desarrollo. Pero los gobiernos dominicanos nunca lo han hecho. ¿Podrán para el 2030?

Según el reciente informe, titulado, “La República Dominicana en 2030: Hacia una nación cohesionada”, el país necesita realizar cambios profundos en lo económico, social y político. Son muchos los temas tratados y muchas las recomendaciones.

El documento podría catalogarse una bufonada si se considera lo difícil que será alcanzar las metas. La letanía de problemas y sugerencias es clara, pero las soluciones son difíciles de impulsar.

El deseo de cambio en la República Dominicana es tenue. Transformar la situación trastocaría la base de poder de los beneficiarios del sistema actual.

Por eso todos los gobiernos dominicanos hacen lo mismo. Lo que ha dado resultado a un pequeño grupo a expensa del bienestar de la mayoría.

Los gobiernos son corruptos, clientelistas e ineficientes. El empresariado es poco productivo y ha vivido arrimado al Estado. Los pobres están desorganizados. La clase media araña el progreso y cuando sus sueños se derrumban emigra.

¿Qué cambiar? El documento resume en siete puntos las propuestas de futuro.

1. Reformas institucionales. Incluye modernizar el Estado, lograr mayor transparencia institucional y rendición de cuentas.

2. Mayor cohesión social y territorial. Supone el pleno ejercicio de los derechos ciudadanos, mayor solidaridad fiscal, mayor y mejor inversión social.

3. Pleno empleo, trabajo productivo y decente. Incluye la ampliación del mercado laboral y la calificación de la fuerza laboral. Para alcanzar este objetivo hay que aumentar y hacer más eficiente la inversión en educación, diversificar y hacer más productiva la economía.

4. Modernización de la agropecuaria. Este sector debe ser pilar del desarrollo para lograr autosuficiencia alimenticia y ayudar a una mejor inserción de la economía en los mercados de exportación. Para lograrlo, hay que mejorar la infraestructura agrícola y capacitar la mano de obra.

5. Fortalecimiento de la industria y su capacidad competitiva. Se necesita innovar, lograr mayor productividad y valor agregado, una fuerza de trabajo adecuada a las demandas laborales, y oferta energética sostenible.

6. Mejoramiento del sector energético. Sin energía no hay desarrollo. Hay que diversificar la oferta, hacerla menos dependiente del petróleo, lograr mayor aprovechamiento de la energía renovable, producirla en cantidad adecuada, y mejorar la administración del servicio.

7. Inserción más eficiente en la economía internacional. La economía dominicana es abierta y depende mucho del mercado norteamericano. El modelo funcionó entre los años setenta y noventa; ahora enfrenta dificultades. La fortaleza del sector exportador dependerá de su capacidad de innovar, elevar la calidad y diversificarse en mercados y productos.

Todas estas sugerencias son pertinentes y eran conocidas. La pregunta del millón es cómo podría la República Dominicana impulsar los cambios necesarios para moverse en dirección al progreso y la cohesión social. El reporte de la CEPAL, en coordinación con la Secretaría de Economía, Planificación y Desarrollo, habla de lograr pactos sociales.

¿Pero quiénes pactarán? ¿Los partidos políticos que viven inmersos en una garata electoral intra e inter-partidaria? ¿Los empresarios que compiten entre ellos por preferencias gubernamentales y se oponen a cualquier reforma que afecte negativamente su rentabilidad? ¿El movimiento social que sólo se revolotea esporádicamente?

En la República Dominicana existe actualmente una cohesión social basada en la inequidad, en la aspiración de beneficiarse de la corrupción y el clientelismo, y en el poder de veto de las embajadas de países poderosos y la jerarquía católica cuando hay riesgos.

Para alcanzar un sistema de cohesión social basado en mayor igualdad económica, social y política, se requiere de actores sociales con nuevas ideas, fuerzas y disposiciones.

No hay receta establecida para lograrlo. Las soluciones se gestan en procesos históricos. Por el momento, documentos como el de la CEPAL se engavetan después que se reseñan en algunos artículos periodísticos.