Reportaje
Prófugos en Cuba

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LA HABANA. AP.- William Potts dice ser un pirata aéreo que pagó su deuda y añora su país. Las autoridades estadounidenses lo describen de otra manera: como un fugitivo amparado por un gobierno enemigo, uno de decenas de estadounidenses prófugos que se esconden en Cuba. Hace casi 25 años, Potts subió con una pistola a un avión y lo desvió hacia La Habana. Pasó 13 años y medio en una prisión cubana por piratería aérea.

Ahora le escribió a Barack Obama pidiéndole que lo perdone, en la esperanza de que las relaciones entre Washington y La Habana mejoren y él pueda regresar a su país. Otros entre los más de 70 fugitivos que viven en Cuba temen lo contrario, que cualquier acercamiento derivado de la llegada de Obama a la presidencia pueda aumentar las posibilidades de que sean entregados a la justicia estadounidense. «No es un buen momento para hacerse notar», declaró Charlie Hill, quien fue acusado de matar a un agente de Nuevo México y secuestrar un avión al que hizo aterrizar en Cuba en 1971. «Las cosas marchan bien. No quiero estar en el candelero».

Ninguno de los dos gobiernos quiso tocar el tema en estos momentos delicados, con un cambio de presidentes en Estados Unidos e indicios de que tanto Obama como el presidente cubano Raúl Castro estarían dispuestos a buscar un acercamiento.

Entre otras cosas, Estados Unidos espera que Cuba coopere en la detención de una banda de cubano-estadounidenses de la Florida buscada en relación con una estafa usando el programa de seguros médicos Medicaid.

Cuba, en tanto, quiere que Estados Unidos devuelva a cinco cubanos que fueron hallados culpables de espionaje en Miami. Una ex diplomática estadounidense cree que una mejoría en las relaciones daría al FBI más oportunidades de capturar a los fugitivos. «En mi época, siempre capturábamos más gente que estaba allí cuando las cosas mejoraban», señaló la experta de la Brookings Institution Vicki Huddleston, quien estuvo al frente de la sección de intereses de Estados Unidos en La Habana entre 1999 y el 2002. En las décadas de 1960 y 1970 hubo decenas de secuestros de aviones por parte de estadounidenses para ir a Cuba. Tantos que los secuestros pasaron a ser un tema preferido de los comediantes. Para desalentar esos secuestros, los dos países firmaron en 1971 un acuerdo por el cual ambos gobiernos se comprometían a enjuiciar a los secuestradores y devolverlos al otro país.

Sin embargo, Cuba con frecuencia ignoró el acuerdo como consecuencia de las tensiones del momento y muchos fugitivos recibieron asilo político, incluidos sospechosos del robo de bancos, independentistas puertorriqueños y líderes de las Panteras Negras como Eldridge Cleaver. Se los catalogó de refugiados políticos. Esa es una de las principales razones por las que Estados Unidos considera a Cuba como un estado que promueve el terrorismo. Los fugitivos gozan de los mismos beneficios que los cubanos, incluida vivienda y atención médica gratis, además de otros subsidios.

Estados Unidos no tiene un tratado de extradición con Cuba, por lo que estos son fugitivos que nadie busca. Washington ni siquiera lleva una cuenta confiable de los fugitivos que hay en Cuba, al punto de que le entregó a la AP una lista de 78 personas, de las cuales al menos cuatro han muerto.

 Cuba dejó de dar santuario a los fugitivos en el 2006 y ha devuelto a cuatro personas que intentaron llegar allí para evitar ser juzgadas en Estados Unidos.

 De todos modos, se cree que hay algunos prófugos de renombre en Cuba, como el independentista puertorriqueño Víctor Gerena, quien se mantiene en la lista de los «Diez Más Buscados» del FBI por un robo a mano armada de un vehículo blindado en 1983 en Connecticut. Otra es Assata Shakur, tía del rapero Tupac Shakur, quien fue asesinado.

La mujer fue condenada a prisión perpetua por el asesinato en 1973 de un policía de Nueva Jersey. Shakur se escapó de una cárcel y llegó a Cuba. Potts dice que se topó con ella en una feria del libro en La Habana el año pasado. El gobierno estadounidense ofrece un millón de dólares por la captura de ella o de Gerena.

En el 2005, Fidel Castro declaró que el racismo estadounidense hizo de Shakur «una verdadera prisionera política». Pero Potts, quien llegó a Cuba un año después que Shakur, no fue vitoreado y, por el contrario, terminó en la temida cárcel Combinado del Este, en las afueras de La Habana. A los 52 años, dice que ya pagó su deuda con la sociedad y que el tiempo que estuvo preso debería permitirle volver a Estados Unidos como un hombre libre. «No soy un terrorista. Ni en el momento culminante de mi idealismo juvenil hubiera apoyado ninguna forma de terrorismo», escribió Potts en su carta solicitando un perdón. En la Florida tiene pendiente un juicio por piratería aérea, que conlleva una sentencia de 20 años de prisión.

 Alicia Valle, asesora de la Procuraduría, se abstuvo de opinar si el tiempo que pasó en la cárcel en Cuba sería tenido en cuenta en los Estados Unidos. En marzo de 1984, Pott abordó un avión de la aerolínea Piedmont que se dirigía de Newark a Miami. Llamó a una asistente de vuelo, le dio una nota en la que decía que tenía dos cómplices con explosivos y ordenó que el avión se encaminase a Cuba. Ahora dice que lo de los cómplices fue una mentira para «evitar enfrentamientos».

En esa ocasión, sostuvo ser el Teniente Espartaco, del Ejército Negro de Liberación. En la actualidad afirma que jamás estuvo afiliado a esa organización marxista violenta y que sabía que en el secuestro no habría violencia. Estaba tan entusiasmado con el estilo de vida comunista de Cuba que decidió secuestrar un avión y dirigirse allí, por más que no hablase español, no conociese a nadie y supiese que lo encarcelarían. Potts se casó dos veces después de salir de la prisión. Ambos matrimonios terminaron en divorcio. Su segunda esposa se llevó las dos hijas cubanas que tuvo, de cuatro y siete años de edad, y le dejó una cama, una pila de libros y CDs, una alfombra para sus oraciones musulmanas y una pequeña mesa, en la que hay un plato y palitos chinos.

Hasta hace poco, operaba ilegalmente una especie de café de internet con su vetusta computadora, que le dejaba unos 110 dólares al mes, una vez cubiertos sus gastos. Ahora planea irse de La Habana e iniciar una nueva vida. Potts dice que si lo perdonan, viajará a Estados Unidos para asistir a sus padres, de avanzada edad, pero luego regresaría a Cuba. Familiares de Estados Unidos lo visitaron dos veces en los últimos años como parte de programas de reuniones familiares orientados a los cubanos del exterior.

Indicó que fue con ellos a la sección de intereses, que hace las veces de una embajada estadounidense, para pedir visas para sus hijas. En las paredes había carteles de Shakur y otros estadounidenses requeridos por la justicia, pero él no aparecía. Cuando habló con los funcionarios estadounidenses les preguntó si tendría problemas por estar allí. «Me dijeron ‘no, ya lo habríamos detenido si quisiésemos»‘, expresó. Si bien no lo arrestaron, tampoco le dieron las visas para sus hijas.

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Ignora pacto

Cuba con frecuencia ignoró el acuerdo como consecuencia de las tensiones del momento y muchos fugitivos recibieron asilo político, incluidos sospechosos del robo de bancos, independentistas puertorriqueños y líderes de las Panteras Negras como Eldridge Cleaver. Se los catalogó de refugiados políticos. Esa es una de las principales razones por las que Estados Unidos considera a Cuba como un estado que promueve el terrorismo. Los fugitivos gozan de los mismos beneficios que los cubanos, incluida vivienda y atención médica gratis, además de otros subsidios.

Un caso que tocó de cerca a la República Dominicana es el de los hermanos Benítez.

Los Benítez eran maestros del fraude al Medicare, según los fiscales.

Invirtieron los millones que estafaron al Medicare en mansiones estilo mediterráneo, apartamentos, hoteles, helicópteros, embarcaciones e incluso un parque acuático en la zona turística de Bávaro, República Dominicana,  según muestra los  documentos judiciales.

Después que fueron encausados bajo cargos de fraude a finales de mayo, Carlos, José y Luis Benítez usaron sus pasaportes cubanos para viajar de Miami a República Dominicana, y de allí a Cuba. Los tres están acusados de estafar al Medicare con la facturación de tratamientos de sueros contra el sida en su docena de clínicas en Miami-Dade. El Medicare pagó a sus empresas casi $84 millones entre el 2001 y el 2004, según las autoridades federales y documentos de la corte.Los Benítez –quienes llegaron a EU en 1995 y se hicieron ciudadanos cinco años después– tienen mucha compañía. Están entre 56 fugitivos acusados de facturar fraudulentamente al menos $272 millones al Medicare antes de desaparecer. En conjunto, los fugitivos se llevaron por lo menos $142 millones en dinero de los contribuyentes. Treinta y tres de los 36 fugitivos cuyos nombres las autoridades han revelado son inmigrantes cubanos y en su mayoría llegaron a EEUU en los últimos 15 años, según documentos del FBI, Inmigración y de los tribunales obtenidos por The Miami Herald. La mitad de ellos regresó a Cuba, afirma el FBI, que basa su información en archivos de viaje, aduana, pasaportes, bancos y computadoras.