Reminiscencias de Don Quijote

Reminiscencias de Don Quijote

JOSE ANTONIO NUÑEZ FERNANDEZ
Don Miguel de Cervantes y Saavedra soñaba. Soñaba don Miguel, que lo enviaran con un cargo de la corona a Tierras de Indias, como cobrador de impuestos o pechos, alcabalas o canonjías. No lo logró, pero por viles calumnias fue acusado del mal manejo de ajenos intereses, ¡y se miró preso! Enseguida digamos que cuando el defensor de Dios, Felipe Segundo el rey visionario del Escorial, se preparaba para mandar a castigar a los infieles turcos; a Miguel de Cervantes le correspondió alistarse como combatiente para ir a la guerra, que don Felipe el campeón del catolicismo, preparaba para defender a Dios todopoderoso.

Cervantes formó parte de la compañía de Miguel de Moncada, del tercio de Diego de Urbina. Todos bajo las órdenes supremas de don Juan de Austria, que era hijo de Carlos Quinto, y por tanto hermano de Felipe el defensor de Dios, Españoles y turcos se enfrentaron en el Golfo de Lepanto. Los turcos eran mandados por Alí Bajá y los españoles y sus aliados por don Juan de Austria.

El hijo de Carlos Quinto y hermano de Felipe Segundo, ganó la batalla naval de Lepanto. Pero el soldado Miguel de Cervantes resultó con una mano anquilosada, de donde le vino el sobrenombre de «el manco de Lepanto». Hay  que decir que al regreso de los triunfadores, el barco en que navegaba Cervantes fue apresado en el mediterráneo por unos piratas marroquíes, que lo llevaron a Argel donde quedó Cervantes convertido en esclavo de un tal Dali Mami. Luego penosamente, para regresar a España, fue necesario pagar por él un rescate.

El rescatado a su patria volvió como héroe de la fe cristiana y además como un turco, como un manco. Perdió la movilidad de una mano y conservó el buen manejo de la otra mano, para perpetuar la gloria de su obra inmortal «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha». Desde aquí de esta ínsula antillanense, ahora a don Juan Carlos de Borbón, bien se le puede decir: ¡Oh, buen rey de las Españas, por favor decidle a propios y a extraños, que desde hace cuatrocientos años los de Tierras de Indias, tenemos a Miguel Cervantes como nuestro mejor Virrey!.

También queremos que en verdad de verdad sepa, el Borbón y Borbón, que por aquí entre nosotros redivivo anda, el legendario Caballero de la Mancha. Por aquí deambula Don Quijote entre nosotros, para enfrentar follones y malandrines, trogloditas y truculentos de toda laya y de toda calaña. Y con su fuerte brazo él va a «desfacer» agravios y a enderezar entuertos. Que se sepa en el Toboso y en Fuente Ovejuna también, que por aquí cabalga Don Quijote montado sobre el lomo flaco del sin igual Rocinante. Ya se le ha visto lanza en ristre y aldarga en brazo y siempre valiente va a enfrentar a gigantes descomedidos que se han disfrazado de molinos de viento, de matas de cocos y de lanudas y mansas ovejitas.

Y gracias a Dios que no ha olvidado el caballero de la triste figura, a su soñada y amable señora, la nunca vista, la jamás contemplada doña Dulcinea del Toboso.

En sus andanzas, presentes tiene el ilustre manchego: al barbero, al cura y a la sobrina, los tres que el día del escrutinio librero al fuego les condenaron, sus más valiosas obras de la andante y noble caballería, incluyendo los Amadises de Gaula, los Palmerines de Inglaterra y los Galaores de Bretaña y de Francia.

Tampoco jamás olvidaría el bueno de Don Quijote, la venta aquella donde soportó las charlatanerías de las mucamoides mozas que nombraban Maritorne y la Molinera. Evoca el caballero sin tacha y sin mancilla las bellaquerías del vagabundo Ginesillo. Y piensa en las burlas del bachiller Sansón Carrasco, precursor del bachiller Mujiquita el de «Doña Bárbara» y del bachiller Conchita que aquí en el 1930, la Cuarenta y Dos de Miguel Paulino, apaleó por decir que por «Ladrón de vacas el Brigadier no podía ser candidato a la presencia». Aquí a Don Quijote le han recordado su descenso a la cueva de Montesinos y sus ascenso a las nubes, jinete sobre el volador caballo de madera que llamaban Clavileño.

Después de una vida tan agitada por aquí anda el audaz caballero de la Mancha, presintiendo que su destino real y verdadero será vivir loco y morir cuerdo.

Y todavía confiesa ánimo para quebrar lanzas por los humildes, por los oprimidos y por los sinfortuna. Y cosas teníamos que ver, por aquí también anda Sancho Panza. Pero el otrora fiel escudero, se olvidó de su hija Sanchita Panza, de Rucio su sufrido jumento y por igual de su abnegada mujer Teresa Panza.. Y asegura Sancho, jurando por las que cruces son, que de Don Quijote jamás fue escudero.

En cambio se confiesa a la bardero, mochilero y hasta amanuense de un tal caballero que se nombra Don Furibundo del Oro, del marfil, del ébano y del topacio.

Sancho niega a Don Quijote. Y aseguran que lo ha negado entre la arrogancia ramplona y bullanguera de escuálidas y torvas multitudes. Además han visto al ex- escudero entre las bullas de «falsos malsines, de mentirosos paladines y de espíritus blandos y ruines, del hampa que sacia su canallocracia, burlando la gloria, la vida y el honor». Horror de los herrores, por aquí anda Sancho montado en lujosa jeepeta, exhibiendo dorado celular, portando pistola y con plásticas tarjetas bancarias. Niega Sancho a Sanchita y a Teresa Panza, se olvidó de la Mancha y de Montiel. Ahora quiere novia que hable inglés, aunque se pinte de amarillo la greñuda cabellera. Sancho quiere ser un «Don» para ser igual a Don Corleone, a Don Tomasso Tomassini y a Don Severo Severini. Y sueña Sancho matrimoniarse con rumbosa damas que parle inglés. Nada importa que Miss Condolencia se llame.

En verdad los tiempos han cambiado y atracadores y fornicarios han reemplazado a los bravos Palmerines, a los ilustres Amadises y a los nobles Galaores.

¡Se acabaron los caballeros! ¡Que vivan los Corleones!