Reforma fiscal, turismo y agropecuaria

Reforma fiscal, turismo y agropecuaria

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
Los legisladores, diputados y senadores, deben hacer todo cuanto esté a su alcance para no afectar, con la reforma fiscal que aprueben, a aquellos sectores económicos fundamentales para el futuro desarrollo del país. Uno es el sector turístico y el otro es el sector agropecuario. Uno y otros han demostrado, por años, que son imprescindibles para el presente y el futuro de los dominicanos. Me parece innecesario ofrecer detalles amplios sobre los benéficos efectos del turismo, a pesar de las debilidades que posee, varias de las cuales están expuestas de forma pormenorizada y creíble en el informe del PNUD sobre el desarrollo económico dominicano.

Las zonas de Puerto Plata, Boca Chica, Juan Dolio, La Romana-Bayahibe, Samaná y el llamado Este profundo, en la provincia La Altagracia, son evidencias de las transformaciones económicas, sociales, laborales y culturales que produce el turismo. Después de 35 años de esfuerzos consecutivos, de medidas públicas, de concesiones, de inversiones y de promoción, la República Dominicana ha conseguido situarse comoprimer destino turístico del Caribe, y con un potencial de seguir avanzando para duplicar y hasta triplicar el fenómeno que hoy conocemos. El país tiene la ventaja de que cada uno de sus 48,442 kilómetros cuadrados es, por su belleza, su policromía, sus ríos, montañas, mares y sol, un polo turístico en potencia. Necesitamos inversiones en obras de infraestructura y en instalaciones turísticas en todo el hermoso litoral que de Ocoa-Azua, en Barahona, en Pedernales, en Constanza, Jarabacoa, Nagua, Sánchez, Miches, Nisibón, Boca de Yuma. En otras palabras, el futuro del turismo dominicano es amplio y promisorio. Por lo tanto, los legisladores y el gobierno central tienen el deber de diseñar políticas y medidas que bajo ninguna circunstancia afecten este potencial, sino que lo promuevan y lo hagan más atractivo para el capital local y extranjero. Si el país está recibiendo unos tres mil millones de dólares que se distribuye en esa larga cadena que incluye a los tour operadores, a los aviones y barcos, a los hoteles, a los productores de víveres, de carnes de res, de cerdo y de pollo, huevos y de hortalizas; a los albañiles, a los carpinteros, a los plomeros, a los arquitectos, a los ingenieros, a los electricistas, a los transportistas, a los comerciantes, a los importadores y vendedores de electrodomésticos y de enseres propios de los hoteles y restaurantes, al gobierno, a los inversionistas y  a los miles de trabajadores, entonces hay que convenir que se trata de una industria, la turística, que debe ser defendida y protegida con medidas inteligentes y oportunas. Del sector agropecuario no podría decirse tanto en estos momentos, pero debe señalarse que a pesar de haber disminuido su peso en el producto interno bruto, en la población y en la generación de divisas, sigue siendo estratégico para la producción de alimentos para el mercado interno, un mercado de más de 9 millones de habitantes. Tampoco puede perderse de vista que cerca de  30% de la población reside en el campo.

Cuando un gobierno propicia reformas fiscales y en áreas similares, debe tener muy presente cuáles sectores deben ser promovidos, bien sea porque produzcan divisas, porque generen puestos de trabajo o porque representen ámbitos estratégicos para el futuro de la nación. Porque no todos los sectores de la economía pueden tratarse igual. Esto no ocurre en ningún lugar del mundo, mucho menos en los países que procuran abrirse un espacio en la competitiva economía de hoy.  En el caso concreto del país y de esta reforma tributaria, debemos subrayar que los legisladores  deben manejarse con cuidado y con inteligencia tanto con el turismo como con la agropecuaria. El turismo necesita que se comprenda cómo son las políticas turísticas de sus países competidores, porque el destino dominicano no puede quedarse fuera de competencia. Y en cuanto a la agropecuaria local, esta debe ser estimulada para que se produzcan las transformaciones e inversiones que la modernizarán y la pondrán en condiciones de recuperar su espacio.

  Los cobradores de impuestos siempre tendrán la oportunidad, en el caso del turismo, de recurrir al impuesto sobre la renta, un tributo adecuado y racional. De seguro que esto lo conocen bien los señores legisladores.

bavegado@yahoo.com