Reciprocidad

Reciprocidad

Marcos Villamán, director del Consejo Nacional de Reforma del Estado, sostiene que el Estado dominicano tiene el grave problema de la falta de capacidad de sus recursos humanos, que impide que la gestión pública sea todo lo eficiente que debería ser.

Reinaldo Pared Pérez, secretario general del Partido de la Liberación Dominicana, de gobierno, denuncia que las administraciones de EdeNorte y EdeSur están cancelando a militantes de su partido que laboran en esas empresas estatales.

Estos dos argumentos, inconexos en su contenido, guardan una estrecha reciprocidad de causa/efecto que podría explicarnos por qué ha sido ineficaz el ejercicio de la función pública.

La queja del secretario general del PLD pone de manifiesto la filiación política, no la preparación técnica, de las personas que dice han sido canceladas de EdeNorte y EdeSur, dos empresas del Estado que, por cierto, el Gobierno que encarna su partido ha puesto bajo el cuidado de expertos extranjeros para su saneamiento.

– II –

Retomando los argumentos de Villamán, en nuestro Estado, en todos los tiempos, la función pública ha sido puesta en manos de militancias, preferentemente, y no necesariamente de capacidades. No ha sido pecado exclusivo de ninguno de los partidos que ha ostentado el  poder, pues cada uno, en su momento, le ha garantizado puesto a la militancia que «se fajó» por el triunfo político.

El fenecido líder del PRSC, Joaquín Balaguer, sentó durante todo el tiempo que ejerció el poder cátedra en la práctica de garantizarles a los esforzados militantes de su partido, no necesariamente por calificaciones técnicas, los puestos de la administración pública. El PRD y el PLD han hecho otro tanto las veces que les ha tocado ejercer el poder.

No estamos diciendo –quede esto claro- que la condición de militante político descalifica a las personas para asumir funciones públicas. Lo que destacamos es que la militancia ha sido, en la mayoría de los casos, la llave que abre las puertas de los cargos del Estado.

– III –

Esta relación causa/efecto que hemos citado está tan enraizada que ha sido difícil, por no decir imposible, que los distintos gobiernos respeten a plenitud la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa, mediante la cual el Estado protegería sus activos humanos en función de capacidad y experiencia.

Cada partido que ha ido al poder se ha preocupado por hacer valer la filiación de los servidores públicos por encima de las capacidades que requiere el Estado para que la función pública resulte eficaz, para que el país sea también eficaz y pueda progresar.

Es necesario, ineludible, que los partidos modifiquen este patrón de conducta y se dediquen a colocar las capacidades por encima de las filiaciones políticas. Hay que establecer como norma que la ocupación de puestos públicos se logre mediante concursos de oposición que permitan al Estado elegir los mejores hombres y mujeres para abrir trochas hacia el desarrollo por medio de la eficacia. No puede ser de otra manera.