¿Rechazo sin precedentes?

¿Rechazo sin precedentes?

Entre la percepción y las cifras, una afirmación se cuela por doquier: en la República Dominicana ninguno de los escasos gobiernos democráticos ha recibido un rechazo comparable al que afecta la gestión del Presidente Hipólito Mejía. Extraordinario fue el apoyo que recibió cuando fue pre candidato del Partido Revolucionario Dominicano –PRD . En el año 1999, el índice de aceptación a su candidatura rondaba el 67%. El PLD se desgastaba en el poder y la experiencia en las elecciones del año 98 no auguraba nada bueno para las aspiraciones continuistas del gobierno de Leonel Fernández y del Partido de la Liberación Dominicana –PLD , dispuesto a enfrentarse al PRD en las elecciones del año 2000. El 16 de mayo, el electorado benefició con un 49.87% al candidato que enarbolaba las consignas de la organización más vieja del país y que recién perdía a su líder máximo, José Francisco Peña Gómez. El candidato del PLD, Danilo Medina obtuvo un 24.94% de los votos emitidos y Joaquín Balaguer un 24.60%.

En el año 2002, cuando fueron celebradas las elecciones congresuales y municipales, el Partido en el poder demostraba fortaleza, atribuida menos a los éxitos gubernamentales que a la gran incidencia del Presidente de la República en el conglomerado perredeísta. Sin embargo, si se acude a las cifras ofrecidas por prestigiosas firmas encuestadoras, la tasa de rechazo que afectaba al Presidente Hipólito Mejía alcanzaba el 49%. Leonel Fernández, mientras ejercía sus funciones, obtuvo, en el año 1998, un 44% de desaprobación, su aceptación alcanzaba el 37% diferente al 27% que aprobaba, en el 2002, al Presidente Mejía. Indiferente a cualquier advertencia o predicción, el Primer Mandatario apostó a la victoria y se atrevió a decir que si el PLD sacaba más de un senador en las elecciones para renovar la matrícula del Poder Legislativo y Municipal, regresaría a Gurabo para dedicarse a la siembre de yuca. No tuvo que marcharse a su pueblo natal, el PRD tuvo un triunfo arrollador. Otra derrota se le sumaba al PLD. El apoyo al gobierno comenzaría a diezmarse. Las imprevisiones, el dispendio, los efectos de la errada política económica, la crisis en el servicio de energía eléctrica y las eventualidades internacionales afectaban, de manera contundente, al Presidente y a su gobierno. Atrás quedaban las promesas de redención social, las políticas sociales se convertían en letra

muerta, la moneda comenzó su dramático proceso de devaluación. Los escándalos afectaban importantes figuras del entorno más cercano al Presidente y la pasividad frente a las denuncias de abuso de poder, concusión, desfalco, estafa contra el Estado, uso indebido de fondos públicos, quedaban en las páginas de algunos periódicos y revistas. La negativa pertinaz del Presidente Mejía cuando se le preguntaba si optaría por un segundo período fue transformada en un persistente deseo de presentarse como candidato en las elecciones del 2004.

El 13 de mayo se produce un hecho trascendental para el gobierno del partido blanco, que aún no presentaba los signos dramáticos de la división. El Gobernador del Banco Central revela al país el contenido de un informe elaborado por representantes del FMI, el BID y el Banco Mundial que avala la comisión de un espectacular fraude en desmedro del BANINTER cometido, supuestamente, por sus ejecutivos. El monto de las infracciones asciende a $55,000 millones, equivalentes al 67% del presupuesto nacional. El rumor que cada día se expandía dentro y fuera del país se confirmaba: la quiebra del BANINTER y el lamentable manejo de las autoridades que, a través de adelantos y redescuentos, pretendía evitar el desenlace fatal. El descalabro económico ha sido incontrolable. Los expertos coinciden cuando admiten que sólo la firma de un acuerdo con el FMI puede paliar la situación. Culmina el año 2003 y el índice de desempleo alcanza un 16.7%, la inflación un 40% y la devaluación de la moneda es de un 100%. El PIB, de 21,500,millones descendió a 16,000 millones.

Sólo cinco meses faltan para la celebración de las elecciones presidenciales y ocho para el cambio de gobierno. Sin admitir la gravedad de la crisis y con un aparente discurso triunfalista al Presidente se le endilgan los fracasos gubernamentales. Agrava la situación su decisión de optar por un segundo período, de espalda al agobio colectivo. El resultado de las últimas encuestas publicadas atribuyen un 58% del favor público a Leonel Fernández, candidato del PLD y un 22% al Presidente Mejía. A pesar de los datos, los más apasionados defensores del gobernante y su proyecto, aseguran que la oposición a Mejía proviene de un sector minoritario de la población, “la elite perfumada”, que nunca aceptará los principios del PRD ni sus gobiernos. Bernardo Vega, José Antinoe Fiallo Billini y Flavio Darío Espinal ofrecen a

HOY su evaluación de la coyuntura. Sin ser voceros del sentir popular, se colocan, como analistas, en el centro de una repulsa considerada sin precedentes.

[b]ENTRÓ EL MAR[/b]

El siglo XX recuerda el rechazo a la persistencia de Horacio Vásquez en procura de conservar el poder y luego la repulsa a la posibilidad del ascenso al poder del brigadier Trujillo ¿ Es comparable la situación con el rechazo a la permanencia del Presidente Hipólito Mejía en el mando? Bernardo Vega, economista, historiador, arqueólogo, antiguo funcionario del gobierno presidido por Salvador Jorge Blanco y embajador dominicano en EUA, durante el gobierno de Leonel Fernández, afirma que la situación es inédita.

“ Ni siquiera Salvador Jorge Blanco tuvo un rechazo similar, si yo comparo las encuestas, no publicadas, que le hicimos en 1985/86 con las de Hipólito ahora. En el caso de Horacio, primero extendió ilegalmente su período por dos años (1928 29) y después anunció que se reelegiría, dando una interpretación antojadiza de la Constitución. Cuando cayó, durante la más anunciada revolución de América, hubo inicialmente mucho apoyo popular a la revolución, tal era el desprestigio de Horacio. También la situación económica internacional, el crack de la Bolsa de cuatro meses antes, recuerda paralelismos con lo actual. Los americanos objetaron el golpe, pero luego pronto cedieron.”

“ Por cierto, Leonel Fernández también fue reeleccionista, hasta que perdió el control del Congreso. Pero hoy, la Cláusula Democrática de la OEA impide reconocer a un régimen que llega al poder ilegalmente. En el 29 se decía: “Horacio o que entre el mar” y el maremoto duró 31 años. La encuesta de Penn, Schoen & Berland dice que la oposición es generalizada, por sexo, edad, ubicación geográfica y clase social.”

[b]ALTAN PARÁMETROS PARA COMPARAR[/b]

Politólogo, abogado, ex embajador ante la OEA durante el gobierno de Leonel

Fernández, Flavio Darío Espinal, es cauto antes de hacer comparaciones, pero admite el rechazo consignado en las encuestas y de fácil apreciación en la población.

“ Hacer comparaciones en esta materia es una tarea difícil. No contamos con parámetros de referencia objetivos en lo que respecta a los grados de aceptación o rechazo de los diferentes Presidentes en diferentes coyunturas. No sabemos cuál era el grado de rechazo que tenía, a nivel nacional, el Dr. Jorge Blanco, en la coyuntura de abril de 1984, aunque hay que suponer que era muy alto. Otra coyuntura difícil, desde el punto de vista económico, fue la de los años finales de la década de los ochenta, bajo el Dr. Balaguer. El país experimentó situaciones muy parecidas a las que vivimos hoy: crisis cambiaria, inflación, decrecimiento, crisis energética, desabastecimiento de algunos productos. Sobre esa época hay más información. Lo cierto es, que ninguna encuesta situó al Dr. Balaguer tan bajo como ha aparecido el Presidente Hipólito Mejía en las últimas encuestas, ni al principal candidato de oposición, Juan Bosch, tan alto, como aparece, en las encuestas, el principal candidato de oposición actualmente, Leonel Fernández. En todo caso, tanto en las últimas encuestas de firmas reconocidas, como a nivel puramente intuitivo, se puede apreciar un fuerte rechazo en amplias sectores de la población al gobierno del Presidente Mejía. Lamentablemente, en esta coyuntura, no se están publicando las encuestas, auspiciadas por diferentes medios de comunicación con la regularidad que se hacía en coyunturas anteriores, y habría que preguntarse por qué. Eso no contribuye a formarnos un criterio más firme sobre el grado de rechazo que pueda tener el Presidente Mejía en este escenario, caracterizado por una profunda crisis económica y un deterioro extraordinario en la calidad de vida de la población.”

[b]REELECCIÓN Y CRISIS[/b]

Espinal afirma que los yerros e indecisión para enfrentar la crisis económica están vinculados a las pretensiones de permanencia en el poder del Presidente, contribuyendo la actitud al masivo rechazo. Le resulta difícil la comparación con el caso de Horacio Vásquez porque considera la sociedad de antes y la de ahora distintas.

“ En lo que concierne a la coyuntura actual, los aprestos reeleccionistas se han convertido en un factor divisivo y controversial, principalmente en el PRD. El proyecto reeleccionista ha tenido su impacto en otros ámbitos de la sociedad dominicana. Por ejemplo, el manejo de la crisis económica, que exige disciplina y coherencia de parte del equipo gubernamental, se ha visto afectado por la influencia de cálculos políticos coyunturales en las decisiones económicas. Este factor ha contribuido a profundizar los niveles de desconfianza de amplios sectores de la sociedad en la conducción de la política económica, por parte del gobierno. En este escenario, creado por el proyecto reeleccionista, ha resurgido el problema del involucramiento de altos mandos militares en el activismo político y es sumamente perjudicial para el sistema democrático dominicano.”

“ La sociedad y la política dominicanas, a finales de los años veinte, del siglo pasado, eran radicalmente distintas a las de principios del siglo XXI. La cuestión que se presentó bajo Horacio Vásquez, desde el punto de vista constitucional, fue la controversia en torno a si su mandato duraría cuatro o seis años, según la interpretación del texto constitucional. Él consiguió sus seis años de poder, aunque, como telón de fondo, tenía una sociedad institucional y socialmente débil, con un hombre fuerte, Trujillo, en la sombra, que venía acumulando poder en su carrera ascendente en el ejército nacional. El ascenso de Trujillo al poder, lo cual hizo, dicho sea de paso, observando las formalidades legales, tuvo detrás ese conflicto constitucional. Pero esa no fue la única causa que explica la conformación de un régimen totalitario en la sociedad dominicana desde 1930 hasta 1961.”

[b]LAS MASAS Y EL PERFUME[/b]

La hipótesis que atribuye el disgusto con el gobierno de Hipólito Mejía a la inconformidad de las elites dominicanas y a su rechazo legendario al PRD, no se corresponde con su composición actual ni con la fidelidad profesada antaño por las masas depauperadas. La organización política logró el poder y la realidad derrota la ilusión de cambio.

“ La efectividad y el grado de aceptación de un partido político se prueba, tanto en la oposición como en el gobierno. Que el PRD tuviera tanto tiempo en la oposición, después de la pérdida del poder y de la crisis interna de 1986, le permitió, bajo el liderazgo de Peña Gómez, recomponerse y desarrollar una amplia base social, con un fuerte arraigo en los sectores populares. Las condiciones han cambiado, al PRD le ha tocado gobernar, lo que significa que el partido y su gobierno serán evaluados, no por su retórica, sino por sus ejecuciones. Sin incurrir en predicciones absolutas, que nunca pueden hacerse respecto de los procesos sociales y políticos, se puede afirmar que la base social del PRD saldrá significativamente reducida de esta coyuntura. Los más afectados por las crisis económicas son los pobres, los desempleados y los trabajadores con bajos salarios, cuyos ingresos pierden su valor frente a una inflación indetenible. La idea de un PRD dueño indiscutible del terreno de las masas populares tendrá que ser revisada.”

[b]MEJÌA NUNCA HA SIDO DEMOCRÁTICO[/b]

Para el educador, jurista e historiador José Antinoe Fiallo Billini, la premisa del rechazo a un gobierno democrático es inválida. No considera al Presidente democrático, ni en su origen ni en sus ejecutorias. Afirma que a través del uso del lenguaje pretendió disimular las intenciones y la composición de su gobierno.

“ Es interesante leer hoy el texto “El Derrumbe” de Federico García Godoy porque, aunque es un texto novelado, ayuda a reflexionar sobre los momentos de agudo agotamiento de una forma política y su liderazgo. Mejía, nunca ha sido un Presidente democrático, ni en su origen ni en sus ejecutorias. Fue una opción fabricada en una estructura partidaria y corporativa nacional y extranjera, antidemocrática, a partir de una manejo de imágenes y discursos que lo hacían parecer un ser humano de sentido común, haciendo énfasis en un sociolecto popular. Al develarse su naturaleza clasista, a través de la política real, anti popular e incoherente, de manera simultánea, el propio sociolecto se ha volcado al centro de la crítica, sobre todo popular, que lo ha asumido como legalizado y legitimizado en todo el escenario de la calle y de clase media o pequeña burguesía. El agotamiento del “hipolitismo” adquiere un poder subjetivo más abierto que otros rechazos anteriores, mediados por un discurso y un sociolecto del castellano con pretensiones de corrección, que es un muro de contención al conflicto verbal abierto y con ciertos ribetes de menos radicalidad formal, aunque los desenlaces hubieran sido violentos al final de cada proceso, por ejemplo, el Triunvirato o el régimen de Salvador Jorge Blanco. El estilo y el discurso del liderazgo hipolitiano han sembrado en la subjetividad mayoritaria unas respuestas de franqueza directa, como opción legítima y colocado el irrespeto del poder, frente al irrespeto de la voz popular, que toma cariz de irrespeto institucional y frente al orden que lo “atípico” asume como impune.”

“ Se produce un desbordamiento del rechazo por esa dinámica que pretendió ser impuesta desde el esquema del liderazgo atípico, populachero, irrespetuoso, autoritario y represivo. El fracaso gubernamental en la gestión pública, ha colocado en el polo de contestación toda la carga de irrespeto y burla, pero debe considerarse como una exigencia de democratización. Si tu no me respetas, yo tampoco lo hago, con la diferencia que, cuando la dinámica cambia, de abajo para arriba, es todo el orden político de control del momento que se pone en cuestionamiento.”