RD-Haití: La política como espectáculo

RD-Haití: La política como espectáculo

Internet nos trajo un vídeo de medio minuto en el que aparece un hombre desnudo con una mano cortada y amenazado con un machete por otro hombre, quien finalmente le cortó la otra mano. El vídeo es grotesco y cruel, pero, al menos por lo que se ve, pudiera ser un montaje. Los personajes hablan español con un acento del Caribe sudamericano. Algunas expresiones son también probablemente de allá.

No obstante todo ello, alguien tuvo la infeliz idea de circular el vídeo con una nota afirmando que se trataba de un acto de agresión contra un haitiano en República Dominicana. Un hecho particularmente sensible si tenemos en cuenta que en un reciente y polémico documental sobre los migrantes haitianos en los cañaverales del Este se mencionaba la amputación de las manos como forma de castigo contra los braceros de esta nacionalidad.

Fue como una diana llamando al combate.

De inmediato las redes de solidaridad con Haití y/o observación de los derechos humanos comenzaron a movilizar a la opinión pública, y algunas de ellas recrudecieron los ataques a la República Dominicana y su gobierno. El canciller haitiano pidió calma a sus compatriotas (como si la población haitiana se fuese a calmar porque un canciller se lo pide) e instruyó al embajador en Santo Domingo para que solicite una investigación en RD, al mismo tiempo que tramitaba la verificación del vídeo en varias agencias oficiales haitianas.

Es decir, una mezcla de buenas intenciones, ingenuidad, demagogia e inmadurez política. Y el resultado es la continuación de esa modalidad de la política como espectáculo que ha seguido el gobierno haitiano hacia RD desde los tiempos del rimbombante ex-presidente Aristide.

Las relaciones dominico-haitianas son un tema siempre muy sensible. Ambos países tienen grandes intereses comunes. El mercado haitiano absorbe cientos de millones de dólares de mercancías dominicanas cada año y el mercado dominicano, además de consumir varias decenas de millones de dólares de mercancías haitianas, emplea cientos de miles de personas de este país. Hay un medio ambiente compartido y un intercambio cultural y social enriquecedor. Hay una historia con solidaridades pero con traumas, y estos traumas han sido manoseados ad-nauseam por los ultranacionalistas de uno y otro país.

Por ello, y porque existen fuertes intereses en ambos lados para que nada cambie, las relaciones entre los dos países se encuentran a un nivel institucional y legal más bajo que la que tenemos, por ejemplo, con Costa Rica. Justo el clima perfecto para los sobresaltos, las manipulaciones y las ganancias espurias. Cualquier incidente produce una tormenta, y por eso se requiere mucha prudencia y cuidado.

Y si el gobierno haitiano –y en no menor medida las ONG vinculadas al tema- quieren en verdad proteger los intereses nacionales, y los intereses de los nacionales haitianos concretos en su relación con RD, deben ser especialmente cuidadosos y alejarse definitivamente de las denuncias teatrales y del manejo de este tema para fines internos de legitimación.

Ninguna violación de los derechos de un inmigrante haitiano puede quedar sin denunciar y sin castigo para los violadores. Ningún abuso sin una respuesta contundente. Pero hay una agenda positiva mucho mayor que se omite porque no produce los suficientes dividendos: hay que reactivar la comisión mixta bilateral; hay que actualizar la legislación comercial y avanzar hacia una zona de libre comercio; hay que invertir en la frontera, pobre de ambos lados de la línea, pero terriblemente pobre del lado haitiano; hay que profesionalizar y adecentar los controles fronterizos; entre otros aspectos que debieran movilizar los ímpetus de funcionarios y activistas con la misma pasión como los moviliza este grotesco y cruel vídeo.

Que a mi me parece un montaje hecho en otro lugar. Y ojalá tenga razón.