Raza y sociedad

Raza y sociedad

Y si ves que comen juntos
Un negro y un blanquito    
O le debe el blanco al negro
O es del negro la comida.

La sociedad dominicana es profundamente racista.

Mamá, Nieves Piñeyro de Gautreaux, contaba que cuando le preguntaron su color para consignarlo en la cédula, el  profesor de inglés mister Hamilton, cuya piel tenía el insondable color de la noche sin luna y sin estrellas,  sonrió ampliamente y dijo: indio claro.

Se dice que dado al abandono de España, en la colonia se reburujaron los españoles, sus hijos criollos, las negras esclavas de cintura ancha y hermosas nalgas y se produjo la mezcla que resulta ser el dominicano.

El doctor Francisco Moscoso Puello decía que como era tres cuartas partes de blanco podía usar un inodoro. Algunos buscan la supuesta herencia indígena para justificar que no son negros. Intentan explicarse por si el cabello es largo y suave o si es corto y ensortijado.

Desde siempre se usó aquella frase infeliz: en mi casa negro yo, porque se trataba de “mejorar la raza” mediante el matrimonio de un negro con una blanca o viceversa.

El Generalísimo Trujillo intentó parecer blanco hasta el colmo de usar cremas y afeites de mujeres para el rostro y productos para alisar los cabellos.

Aquí, el dinero hace que la persona sea tratada como blanco, aunque tenga la piel negra. Ese complejo nos ciega y nos condiciona a la hora de tomar decisiones.

En la campaña para las elecciones de 1994, en un salón de belleza de un sector de ricos, una señora dijo que votaría por José Francisco Peña Gómez

¿Por ese negro?

Preguntó otra.

 Y respondió la primera:

-Sí, porque no es para acostarme con él. Votaré por la propuesta  política de ese hombre serio, honrado y patriota.

Durante la campaña que ganó Barack Obama pensé en Lincoln y los esclavos, en el Ku Klux Klan, en las grandes jornadas por la igualdad de derechos, en Martín Lutero King.

En las protestas de Detroit y Los Ángeles originadas en abusos contra ciudadanos negros.

El electorado demócrata tenía la opción de votar por Hillary Clinton, rubia, inteligente, bella y escogió a Obama por su discurso inteligente a favor de unir la sociedad de su país.

El elector norteamericano votó sin importarle el color de la piel de uno de sus candidatos, pese a que sólo en la Sudáfrica del apartheid se practicó una discriminación más brutal que en Estados Unidos.

Pensé en Peña Gómez y el rechazo que concitó el color de su piel y concluí que en la sociedad dominicana hay mayor racismo que en Estados Unidos, aunque supuestamente haya igualdad de derechos. Aquí, todavía, ser blanco es una profesión.

Ese tema está pendiente y nadie lo quiere abordar: el racismo nos corroe.

Impulsemos el cambio hacia una sociedad más respetuosa de los derechos y más tolerante.