Rafael Molina Morillo – Mis buenos días

Rafael Molina Morillo – Mis buenos días

Yo tenía un tío en mi originaria tierra vegana que era lo más pintoresco. Muchos recuerdos de mi infancia están ligados a sus ocurrencias. Una que no olvido tiene mucho que ver con los famosos bailes de aniversario del principal club del pueblo, el Casino Central, en el amplio segundo piso del que otrora fuera un elegante edificio frente al parque Duarte.

Primero se celebraba el «bailecito», que era para los niños, en horas de la tarde. Y después venía el famoso «baile del 14» (porque era el 14 de agosto de cada año), para los adultos, amenizado por una famosa orquesta, generalmente la de Rafaelito Martínez.

Pues bien, el tío de la historia siempre regresaba de la fiesta con este comentario: «El baile estaba tan bueno, que ni siquiera se podía bailar», aludiendo con ello a la gran cantidad de personas que habían acudido al Casino esa noche.

No pude menos que recordar esa historia cuando vi, en los periódicos del domingo, las fotografías de las grandes masas humanas que se trasladaron durante la Semana Santa a nuestras playas. ¿Se dieron cuenta? Un verdadero mar de gente era lo que había en busca de un miserable metro cuadrado de arena donde posar las asentaderas…

Parafraseando a mi tío, yo diría que la playa estaba tan buena que ni siquiera se podía alcanzar a meter un pie en la orilla del mar!

¡Fue todo un éxito!, dirán algunos… Yo, por mi parte, me sentí en casa como un rey, en mi vieja poltrona, sin prisa, leyendo, escuchando música y holgazaneando a más no poder… y sin gastar un centavo. ¡¡Los que están conmigo, que levanten la mano!!