¿Quién eres tú?

¿Quién eres tú?

En el 1964 y 1965 estudiaba en New York: y no cesaba de sorprenderme la capacidad de trabajo y creatividad que mostraba la diáspora dominicana. Veía una comunidad determinada a romper cualquier cadena que limitara su camino hacia el éxito.

Al regresar al país, por azares de la vida, llegué a la Secretaría de Agricultura y desde el inicio tomamos la decisión, colectiva, de duplicar la producción en seis años, y se logró. No fue por mi liderazgo, más bien por una política que teníamos: darle la libertad a los técnicos para que implementaran tecnología de punta. Y así lo hicieron. Además, se enviaron a estudiar jóvenes a Texas M, y brillaron por su capacidad. Desde el 1970 al 1975, el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) incrementó su producción de 600,000 a 933,000 toneladas, constituyendo un récord. Este récord se logró al otorgar plena libertad a los sindicatos y a los técnicos para que emplearan su capacidad otorgándoles tres de los nueve puestos del consejo del CEA y el 30% de la utilidad.

En el 1973, los técnicos diseñaron un plan para sembrar caña en la Sabana de Guabatico. Aquellas tierras siempre se consideraron no aptas para la siembra. Trajimos al Dr. Samuel, experto en cultivo sabana. Nos dijo que hiciéramos drenajes profundos y fuerte fertilización. El resultado fue una producción mayor que el promedio. Y en dos años se cultivaron 200,000 tareas. Lo extraordinario del hecho consistió en que esta experiencia se intemacionalizó porque cuando llevamos al general brasileño Álvaro Tavárez a la Sabana de Guabatico, sorprendido ante aquel escenario exclamó: «¡el cerrao! ¡el cerrao!». A partir de ese momento millones de hectáreas se sembraron en el «cerrao» brasileño.

Nuestro país está lleno de ejemplos que contienen grandes realizaciones en las dos últimas décadas, en condiciones adversas. Tenemos el mejor tabaco del mundo, lo mismo sucede con el cacao orgánico y con los invernaderos. He observado, a través de mi vida, múltiples actos extraordinarios de dominicanos y dominicanas.

Pero lo mismo acontece con nuestros médicos que emigran a los Estados Unidos. Me ha tocado servir de mentor a muchos jóvenes excepcionales y puedo decir que son tan competentes, como éramos en la universidad norteamericana.

Actualmente, nuestra diáspora ha creado más de 100,000 negocios en el país más competitivo del mundo: Estados Unidos. ¿Quieres un ejemplo más admirable que media isla tenga el 20% de los peloteras en grandes ligas? Ahora nos preguntamos: ¿y a qué se deben tales éxitos? ¿Acaso toman agua diferente a la nuestra? ¡No! Se debe a que ellos han roto con la concepción que le ha impuesto la sociedad moderna dominicana. ¿y cuál es esa concepción?, que la capacidad del dominicano es limitada y que debe aprender a vivir con sus limitaciones. Que el coyunturalismo y el inmediatismo (lo mío ahora) es lo que debe prevalecer. La cultura de la rutina y la línea del menor esfuerzo ha dominado su vida (aún en las universidades, que han realizado un gran trabajo de enseñanza, impera la práctica del aprendizaje sin la cultura de la investigación y la creatividad.

Tenemos que entender que la vida es un continuar en la búsqueda de la excelencia, y eso requiere que entendamos que la mayor importancia del presente es servir como base en la construcción permanente del futuro.

La capacidad del dominicano no tiene límites. Es tu deber poder lograr el máximo de tu capacidad, rompiendo las cadenas impuestas por esta sociedad y la que te has impuesto. Pero cuando tú logres la grandeza, harás grande el país. Es cierto que vivimos en un momento oscuro e inestable, pero cuando hagas tuyas las maravillosas palabras de Nelson Mandela, al asumir la presidencia de Sur África en 1994, comprenderás quién tú eres:

Nuestro temor más profundo es que tenemos poder más allá de toda medida…

Es nuestra luz, no nuestras tinieblas lo que nos atemoriza…

Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia, automáticamente libera a otros.

Y al proceder, con todos los otros ciudadanos, lograrás, no importa el obstáculo por grande que sea, obtener el destino luminoso que el creador siempre ha tenido para ti y para la patria amada.