¿Qué son las «gotas de arena»?

¿Qué son las «gotas de arena»?

JOSÉ BÁEZ GUERRERO
Debo haber oído la pregunta decenas de veces en los últimos días, a raíz de la puesta en circulación de mi libro de cuentos «Siete Gotas de Arena», que mi amigo Federico Henríquez Gratereaux tuvo la gentileza de presentar en la Librería Cuesta en Santo Domingo.

«¿Qué son las «gotas de arena»?  En mis palabras de ese día hice una explicación, pero quizás sea bueno publicarla, pues no pensé que habría tanta curiosidad acerca del título. He opinado que, a veces, explicar las cosas les disminuye la belleza. Pero prometí a varios amigos y familiares referirme al significado de «Siete Gotas de Arena».   Y cumplir promesas, como dicen los versos de Robert Frost que frecuentemente recuerda Federico Henríquez Gratereaux, puede que sea más importante que cualquier entusiasmo estético. Así que aquí voy: es muy sencillo, me parece.


Uno de los componentes de la arena es el dióxido de silicio, que es un compuesto de silicio y oxígeno, y una de cuyas formas más comunes es el cuarzo. Este dióxido de silicio es usado desde la antigüedad para fabricar vidrio y cerámica. Aún antes de que el hombre descubriera o inventara el beneficio de los metales mediante el uso del fuego, la candela aplicada a distintas arenas y barros permitía crear vasijas y platos, cuentecillas y artesanías, que poseían gran utilidad y además añadían belleza a la vida de aquellos primitivos seres humanos.

Quizás el hombre descubrió el efecto del fuego en la arena al ver cómo, cuando cae un rayo sobre una playa o sobre alguna duna, luego puede rescatarse de debajo de la tierra el ramalazo vitrificado, algo que debía ser inmensamente misterioso y poderosamente atrayente para aquellos primigenios fundadores de la cultura. El vidrio y la cerámica han estado presentes en pueblos tan diversos y aparentemente inconexos como los chinos y los africanos, los europeos y los incas y los mayas.

En las más diversas culturas, el vidrio y la cerámica son de las primeras invenciones del hombre; su materia prima se encuentra en la arena. Una de las últimas invenciones humanas son los chips, o circuitos integrados, que consisten en una laminilla finísima con miles de millones de circuitos con diodos y transistores y resistencias y condensadores; hay tres tipos, y curiosamente, uno de ellos, el circuito monolítico, fabricado con un solo cristal, tiene como materia prima el mismo dióxido de silicio.

Tanto en uno como otro proceso, sea fabricar vidrio o chips, la arena debe derretirse a enormes temperaturas. En el caso de los chips, es fascinante cómo pueden construirse circuitos super diminutos que «crecen» según el patrón que le es inducido al silicio o al cuarzo mediante impulsos eléctricos al momento de fabricarse.

Las gotas de arena son esenciales para las cosas más sencillas, como el vidrio (sin el cual careceríamos de botellas y espejos), y para las más complicadas, como los circuitos integrados, sin los cuales no habría computadoras, ni teléfonos celulares ni artilugios como el control remoto, los juegos de Nintendo o las tomografías axiales.

Quizás haya poca cosa tan común y dada por sentado como la arena, con la que juegan los niños en la playa; hacen castillos los más grandecitos; la roban a los cauces de los ríos los desaprensivos con algún apoyo o garantía de impunidad. La arena, la que pisaron los camellos de todas las caravanas, la que viste de doradas vaciedades los yacimientos petrolíferos de Iraq… Alguna poesía oculta a la sensibilidad común debe haber en las playas y desiertos.

En fin, que no me pareció que el título de mi libro de cuentos, «Siete Gotas de Arena», fuese a requerir explicación. Pero como la han pedido, y la prometí, ya cumplí.

j.baez@codetel.net.do