Que se dice
Sonrisas… y pocas prendas

<SPAN><STRONG>Que se dice<BR></STRONG></SPAN>Sonrisas… y pocas prendas

A pesar del fiestón dedicado antier por el Presidente Leonel Fernández  a la “prensa de todo el país”, el primer mandatario siguió siendo en el 2007, y este comienzo del 2008, uno de los personajes de la política y el poder menos accesibles a los periodistas, al menos para lo que más importa: que responda sus preguntas formuladas con profesionalidad e independencia.

 A excepción del tiempo aquel en el que el doctor Balaguer se declaraba cada día como sordo y mudo, algo que, de todos modos, tenía sentido en él por la ceguera y los menoscabos de la edad, pocas veces ha sido tan pobre la concesión formal y regular de ruedas de prensa en la cima del gobierno.  Por tanto, esta  falta actual de interlocución prensa-poder merecería un constante  reproche del sector periodístico, cosa que no ocurre. De manera casi permanente el país queda privado de conocer a través de la legitimidad de los medios y sus reporteros, la forma de pensar del Jefe del Estado, lo que constituye un desprecio a la función de los comunicadores, con todo y la solemnidad, sonrisas y decencia que emplea Fernández en sus relaciones  de  leves contactos con la mayoría de ellos.

Tardó mucho en exponerse a un intercambio con representantes  de la prensa respecto del escándalo (ahora más cuestionable que antes) de la Sun Land y finalmente lo hizo en un acto signado por la exclusión, pues dos ejecutivos de medios que se han destacado por  sus críticas a la presente administración en ese y otros casos: Juan Bolívar Díaz y Luis Eduardo Lora, no fueron invitados al  almuerzo-show celebrado semanas atrás en el Palacio Nacional.

Hediondos y podridos

Al permitir la permanencia en circulación de un creciente número de  billetes en mal estado, el Banco Central le está fallando a  sus propias leyes y normas. ¿No dicen las reglas que las papeletas tienen que estar en buenas condiciones para poder representar los valores que consignan? ¿Y qué valor tienen todos esos billetes de 10, 20, 50 y 100 pesos que circulan por el comercio en estado vergonzoso? ¿Quién ha visto papel moneda de otro país cualquiera que se confunda tan fácilmente con la basura como gran parte de ese que aquí circula? Al tiempo que crean e introducen papeletas de valor diferente, las autoridades parece que  han abandonado la rutina de incinerar las que cumplen su periodo de vida útil. Una incongruencia  en un país antillano en el que mucho se habla de solidez y estabilidad económicas pero en el que al mismo tiempo no se cumple con lo elemental de proveer a los usuarios de medios de cambio higiénicos, presentables y duraderos. Sin embargo sí hubo gran drasticidad cuando tiempo  atrás se declaró una guerra a los billetes rayados por el público, lo que se convirtió en un problema para los usuarios. Hoy como nunca antes vale decir que las palabras podridos y hediondos son sinónimas de peso oro dominicano. Se trata además de una marginación de las papeletas de baja denominación en perjuicio de los consumidores de menor poder de compra. Los ricachos, tarjetahabientes y expedidores de cheques no sienten tanto el problema.

Confianza en el pollo

A pesar del “moquillo” de nuevo cuño que se detectó en una traba de Higüey recientemente, hay que seguir apostando a la carne de pollo que sanitariamente siempre ha estado más en lo claro que la de res. Sépase que algunos estudios comprobaron  años atrás que el ganado bovino que va a parar a mataderos dominicanos  de toda laya está enfermo. Las vacas y bueyes para sacrificio siempre son las peores, y la tuberculosis es de alta incidencia,  junto con la brucelosis, a pesar de que el origen y calidad de las carnes destinadas al consumo deberían estar bajo estricto control, cosa que no ocurre en este país. ¿Quién inspecciona las matanzas y certifica el traslado a expendios  por medios apropiados, y refrigerados, de las reses seccionadas? Los únicos que podrían tener apego a las reglas de buena higiene serían algunas cadenas de supermercados. En cambio, la producción, sacrificio y empaque de pollos sí que constituyen procesos industriales completos en República Dominicana. Las principales compañías del ramo cuentan con sistemas operativos con elementos  de modernidad que resultan escasos en el renglón vacuno.