Qué se dice
Las cosas en su lugar

<STRONG>Qué se dice<BR></STRONG>Las cosas en su lugar

Cuando la máxima dirección del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) decidió que únicamente Eduardo Estrella, Luis Toral y Amable Aristy Castro serían  precandidatos presidenciales de cara a las elecciones del 2008, desde aquí se señaló que se trataba de una decisión excluyente, antidemocrática y, probablemente, contraria también a los estatutos de la organización, a la que se entiende y supone empeñada en deshacerse del pesado lastre de un liderazgo unipersonal, de talante autoritario, para convertirse en un partido renovado y moderno,  a tono con los nuevos tiempos y capaz de atraer a las nuevas generaciones de votantes, para quienes el doctor Joaquín Balaguer es apenas un recuerdo vago o una referencia remota.

La decisión de la Cámara Contenciosa de la Junta Central Electoral que ordena al PRSC dar la oportunidad de participar en el certamen interno a Luis Manuel Campillo Pérez, “el candidato de la diáspora”, y Antonio Asencio Torres ,“por haber cumplido con todos los requisitos constitucionales”, simplemente pone las cosas en el lugar correcto. Es de esperarse, entonces, que la dirección del PRSC acoja el dictamen del tribunal de comicios y que, por supuesto, haya aprendido la democrática lección.

El desplante

No ayuda mucho a la causa del síndico Roberto Salcedo y su polémico plan de arbolado haber dejado plantados a ecologistas y representantes de juntas de vecinos de la Ciudad Colonial que acudieron a la sede del ayuntamiento a escuchar  las explicaciones de lugar a lo que entienden una agresión a “su” ciudad, a sus espacios más entrañables y queridos.  La ausencia de información precisa, clara y oportuna ha sido, precisamente, la gran debilidad de ese programa, pues muy poco o nada es lo que se ha informado a sus eventuales beneficiarios, los munícipes capitaleños, de sus propósitos y beneficios, no obstante existir las instancias institucionales en el propio ayuntamiento donde discutir esas y otras cuestiones como lo es la Sala Capitular. El síndico, así las cosas, no solo ha vendido muy mal su inconsulto plan de arbolado sino que también falta a un principio elemental de cortesía que probablemente lo haga más intragable aún, si acaso eso es posible, a los ojos de muchos capitaleños.

 A mano pelá

Al ciudadano europeo o norteamericano que le digan que en la paradisíaca isla donde ha decidido ir a pasar, junto a su familia, unas merecidas vacaciones los controladores aéreos realizan su trabajo manualmente, sin el auxilio -como en todas partes del mundo civilizado- de un radar, de seguro se asustará y cancelará el viaje, pues no están estos tiempos para tomarse esa clase de riesgos innecesarios. Los controladores aéreos del aeropuerto Las Américas llevan varios meses trabajando a mano pelá debido a que al radar se le estropeó una pieza que el Instituto Dominicano de Aviación Civil ha sido incapaz de adquirir, pieza que fue tomada prestada, como quien desviste un santo para vestir a otro, al  aeropuerto Gregorio Luperón de Puerto Plata, pero que carece de la capacidad suficiente para ubicar con exactitud los aviones en vuelo. Ojalá que los responsables de resolver ese pequeño gran problema no esperan a que ocurra, Dios no lo quiera, una desgracia, para cumplir con su responsabilidad.