Qué se dice
Alborotando las avispas

Qué se dice<BR><STRONG>Alborotando las avispas</STRONG>

No hace falta convocar a un concurso público para adivinar cuál es el proyecto político que, según el presidente Leonel Fernández, apuesta «por la arrabalización, el caos, la amarquía y el irrespeto» en el país. De hecho, la «puya» fue tan directa que tan solo unas horas después llegaba la respuesta de labios del doctor Orlando Jorge Mera, secretario general perredeísta: «donde ha habido desorden, caos y anarquía ha sido en la administración del presidente Fernández, además de falta de credibilidad al nombrar funcionarios que están subjúdices de la justicia; el jefe del Estado debe revisar su entorno antes de dar declaraciones como la de hoy». El que dice lo que no debe termina escuchando lo que no quiere, reza un popular refrán que de ninguna manera ignora el mandatario, quien parece disfrutar de lo lindo alborotando el avispero perredeísta.

Fiesta cívica
El doctor Luis Arias, presidente de la Junta Central Electoral, ha sugerido a los partidos políticos que participarán en las elecciones de mayo próximo que consideren ese proceso como una «fiesta cívica» que proyecte al mundo la buena imagen de la democracia dominicana, por lo que deben pedir a sus militancias que eviten la violencia y los enfrentamientos. La petición del doctor Arias llega en el mejor momento, cuando no se han producido las primeras «bajas» de la campaña y por lo tanto hay tiempo de tomar previsiones, de insistir en la necesidad de mantener la lucha política dentro de cauces civilizados, responsabilidad que toca inevitablemente a las dirigencias de los partidos, obligadas a dar el ejemplo evitando los insultos, las alusiones desconsideradas y las descalificaciones irrespetuosas del contrario, una tarea bastante cuesta arriba tratándose de gente a la que se le zafa tan fácil el seguro.

Juego político
 No sabemos si el doctor Roberto Reyna, rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, es el «hombre temerario e irracional» que pintan los gremios que han convocado la «huelga indefinida» que mantiene paralizada nuestra más vieja universidad, pero a decir verdad no puede considerarse un gesto de irracionalidad sino todo lo contrario su petición a los huelguistas de que desistan de la paralización y se sienten a discutir una solución razonable al conflicto, sin lesionar el semestre académico ni afectar a los estudiantes. El doctor Roberto Reyna acaba de revelar que satisfacer las demandas de los gremios supondría para la academia ochocientos millones de pesos adicionales al año, suma exhorbitante si se considera que, debido a los recortes que hizo el gobierno al presupuesto solicitado por sus autoridades, la UASD opera con un déficit anual que ronda los cien millones de pesos, pero sus explicaciones han encontrado oídos sordos. Es precisamente esa cerrazón la que alimenta la sospecha de que detrás de esa huelga hay motivos que van más allá de los estrictamente laborales, una muy mala noticia para sus más de 150 mil estudiantes, las verdaderas víctimas del perverso juego político que se juega tras bambalinas en la UASD.